Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

31 may. 2012

VICTIMAS Y VERDUGOS


A la memoria del GC MARIO LEAL.








Las paredes acallan el gemido
de la madre herida que aun respira.
Su hijita yace en el colchón muerta.
¿cuántos se le han echado encima?
¿un pelotón?, ¿una compañía?
La niña se convirtió en mujer.
Y la mujer en cadáver

A. Solzhenitsin, "Noches prusianas".




Anónimo estudiante de las confrontaciones bélicas, jamás me ha interesado en demasía ni el armamento, ni la estrategia; carezco de formación militar fuera de la obligatoria en mi juventud y mi interés por estos temas no va más allá del complemento lógico del observador de batallas.
Lo que de verdad me ha interesado desde que me inicie en esta "afición", ha sido el lado humano. Desde las causas de cada conflicto, hasta las consecuencias, pasando en este recorrido por los protagonistas - directos o indirectos - y por el paisaje tras la batalla.
No sabría precisar, empero, cuál es considerada la primera batalla de la historia, ni siquiera la última.
Pero sí sé, de Perogrullo, que la primera fue con palos y piedras y la última con "misiles inteligentes" capaces de entrar por el tiro de una chimenea del objetivo previamente seleccionado a kilómetros de distancia.
La "guerra inteligente", tiene gracia el contrasentido.
La humanidad ha perfeccionado su forma de matarse a medida que evolucionábamos en educación y cultura y desarrollábamos organismos vigilantes de la "paz mundial".
Pasamos en esta siniestra evolución, del enfrentamiento cara a cara, vertiendo con tus propias manos la sangre de tu enemigo y viendo cómo por tu acción, se le escapaba la vida, a las armas de destrucción masiva.

Como decía al inicio, no entiendo de armamento, pero un poco sí, de víctimas.
Tal vez por ese motivo, no soy ajeno al conocimiento de la única arma que se ha mantenido invariablemente en todos los conflictos a lo largo de la historia. Siempre dispuesta y siempre eficaz. Naturalmente, estoy hablando del arma que el hombre carga entre sus piernas.
La violación ha sido tradicionalmente un arma fundamental en los ejércitos y la prueba es que se ha mantenido con testarudez a lo largo de los siglos.
Ha servido tanto como incentivo a la soldadesca en un asedio, como castigo a los defensores o como último fin de la conquista, degradando y humillando a la parte más débil del territorio conquistado.

Arrancaba con los sobrecogedores versos del nobel de la paz Alexander Solzhenitsin, que supongo escribió tanto para descargar su conciencia, como para llamar la atención ante la barbarie de ese acto. El escritor, a sus 27 años, comandante del Ejército Rojo, fue uno de los primeros en aproximarse a Berlín. Testigo de miles de violaciones y asesinatos, “Y la madre suplica al soldado que la mate“, abominó toda su vida hasta que falleció en 2008, de su incapacidad para detener aquella horda brutal de sangre impulsada por el mismísimo Stalin.
Desde la lujuria de los turcos en las puertas de Bizancio, hasta la guerra de los Balcanes, la agresión sexual ha sido el arma más temida por la población no combatiente y como hemos podido comprobar, ha sido -conscientes de este hecho- impulsada por mandos y dirigentes políticos.

ETA lleva más de medio siglo librando contra los españoles, la más abyecta y cobarde de las guerras.
Lejos de aquellos enfrentamientos entre hombres que citábamos, donde olías a sangre y sudor de tu enemigo, los “gudaris“ son guerrilleros de esquina y disparo a traición. Son la canalla más vil que jamás conoció el noble pueblo Vascongado. Maestros de matanzas indiscriminadas desde el cobijo del control remoto, ratas embozadas que sorprenden en las sombras, delatores raudos cuando son detenidos. Despojos humanos en cualquier sociedad.
Pero eso, ya lo sabíamos.

Recientemente la madre del Guardia Civil asturiano Mario Leal Baquero, asesinado hace 27 años por esta chusma, ha sido invitada por el otrora Benemérito Cuerpo a una exposición de homenaje a las víctimas.
Seria un detalle bonito, si no fuera porque en 27 años nadie se ha acordado de ella. Ni de sus hijos. Ni de nada. Tanto es así, que hasta en el juicio contra el cobarde que asesinó por la espalda a su hijo mayor, nadie se dignó personarse para acompañarla en tan duro trance.
Algo huele mal alrededor del partido que nos gobierna.
Algo que suena a rendición y entreguismo.
Algo fétido planea sobre la sangre de los que murieron en el cumplimiento de su deber o simplemente por ser Españoles de bien.
Algo destila putrefacción y podredumbre cercando a las víctimas de ETA.

Algo que recuerda con demasiada crudeza aquella arma poderosa de los vencedores sobre los vencidos: la humillación, la ignominia, el asco, la vergüenza.
Si el Partido Popular confirma ser el cobarde que ejecute la violación de las víctimas, habrá que señalarlo para siempre y sin perdón, culpable de alta traición y como tal, tratados.


JUAN ANTONIO LÓPEZ LARREA



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A la una y cuarto de la madrugada del viernes 6 de diciembre de 1985 la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al guardia civil MARIO MANUEL LEAL BAQUERO. El agente se encontraba en el interior de su vehículo, vestido de paisano, en el aparcamiento de la vieja estación de Renfe de Mondragón, cuando tres miembros del grupo Txantxagorri de ETA lo vieron y decidieron, sobre la marcha, asesinarlo. Los pistoleros, que iban encapuchados, acribillaron a Mario a muy corta distancia con armas automáticas, según agentes de la Ertzaintza, cuyo puesto local estaba a escasos doscientos metros del lugar del atentado. El guardia civil recibió media docena de impactos de bala y falleció en el acto. En el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN del año 1979.
Los dos pistoleros de la banda huyeron en dirección a Vitoria en un Renault 5 de color verde en el que les esperaba un tercer terrorista. Nada más conocerse la noticia, efectivos de la Guardia Civil montaron controles en los alrededores de Mondragón.
A las dos de la madrugada el cuerpo del guardia civil continuaba todavía en el interior del vehículo en el que fue ametrallado, a la espera de que el juez procediera al levantamiento del cadáver. A primera hora de la mañana del 6 de diciembre quedó instalada la capilla ardiente en el cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta. A las cinco de la tarde el féretro con los restos mortales de Mario cubierto con la bandera de España fue llevado a la Iglesia de la Asunción de la localidad guipuzcoana, donde se celebró el funeral. Al mismo asistieron el director general de la Guardia Civil, general Sáenz de Santamaría, y el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, además de otras autoridades civiles y militares, mandos de la Policía y representantes de partidos políticos.
La indiferencia y el despreciocon el que los vecinos de Arechavaleta presenciaron las honras fúnebres por el guardia civil asesinado escasas horas antes fueron descritos por Ramón Jáuregui en su libro El país que yo quiero. Memoria y ambición de Euskadi (Planeta, 1994):

"Entramos en la iglesia y estamos solos. Delante, los guardias compañeros, las autoridades, el alcalde y la familia; los bancos, detrás, virtualmente vacíos. Al salir y ver el cuadro se me pasó por la cabeza una escena de la película La muerte de Mikel. Todo el pueblo de Aretxabaleta asistía al espectáculo desde la plaza, impasibles, como si con ellos no fuera la cosa; incapaces de sentir sencillamente pena por el dolor que desfilaba delante, que expresaban los familiares (...). Arriba, en un balcón sobre la plaza, algunas risas, en chirigota hacia el ceremonial, mientras la procesión se ponía en marcha (citado por Alonso, R., Florencio Domínguez, F., y García Rey, M. Vidas Rotas, Espasa 2010, pág. 549)."

Los autores del asesinato de Mario Leal fueron los mismos que mantuvieron secuestrado a José Antonio Ortega Lara en Mondragón durante 532 días. Una de las pistolas que se incautó en el zulo donde mantuvieron al funcionario de prisiones fue utilizada en el asesinato del guardia civil. En marzo de 2000 la Audiencia Nacional condenó como autores del asesinato de Leal Baquero a José Miguel Gaztelu Ochandorena, José Luis Erostegui Bidaguren y Jesús María Uribetxeberria Bolinaga a sendas penas de 33 años de cárcel por el asesinato del guardia civil.
Mario Manuel Leal Baquero tenía 29 años. Era natural de Avilés (Asturias), estaba destinado en el cuartel de Arechavaleta desde dos años antes de ser asesinado, y estaba pendiente de ser trasladado a Asturias. Estaba casadoy tenía una niña, Beatriz.
Uno de sus asesinos, Uribetxeberria Bolinaga, actualmente se encuentra en la lista de reinsertables por el PP por presunta enfermedad.
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