Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

8 sept. 2011

In Memoriam Paco "El Metralleta"


El pasado día 3 de Septiembre fallecía mi gran querido amigo y camarada Paco “el metralleta”. Cuando Silvia, su también gran amiga, me llamó por teléfono para comunicármelo unas lágrimas brotaron de mis ojos, en primer lugar, porque se había ido a los luceros una persona que había formado parte de una de las  etapas más intensas de mi vida y en segundo lugar porque no iba a poder despedirle como  a él le hubiera gustado cantándole el “Cara al Sol”, ya que me encontraba fuera de Madrid.
Por otra parte no quiero que su vida sea enterrada por su muerte y que Paco desaparezca de la historia sin pena ni gloria, por eso quiero dedicarle este pequeño homenaje para que las generaciones futuras de falangistas, de patriotas, lleguen a saber de él, aunque no estaría de más que alguien hiciera una biografía de este personaje tan singular.

Conocí a Paco a mediados del año 1976, no recuerdo bien si fue en una pensión de la calle Infantas de Madrid o fue a través de un amigo de él que compartía conmigo pensión, pero el caso es que me lo presentaron en dicha pensión. Por entonces tenía 52 años, unos pocos menos de los que yo tengo ahora. Era una persona con gran vitalidad y con mucha vida vivida, pero lo que me llamó la atención desde el principio fueron dos cosas, su generosidad, su desprendimiento de las cosas materiales, vivía al día y su concepto tan profundo de la amistad; estaba siempre a disposición de sus amigos, nunca pedía nada y sin embargo todo lo daba. Personalmente me acogió como un padre, en una etapa delicada de mi vida.

Por aquella época Paco trabajaba en “el Rastro” de Madrid, mejor dicho tenía un puesto en él, un puesto de ropa usada,  un puesto de mala muerte, de los que estaban tirados en el suelo encima de una vieja lona. Allí compraba y vendía, allí se ganaba el sustento diario, no quería más, su vida estaba puesta en otros ideales.

Pero detrás de este Paco del rastro se escondía todo un rico personaje. Parecía un don nadie, un desarrapado más de los muchos que pululaban el mundillo del viejo Madrid, pero detrás de él había toda una gran historia. Paco, en realidad Francisco Alcocer, pertenecía a una de las grandes familias vascas de Algorta (Vizcaya), su padre llego a ser  general militar, asesinado por los rojos, y al cual él profesaba un gran cariño, su muerte supuso para Paco un gran trauma. Según decía Paco eran los dos únicos falangistas de una familia de raigambre tradicionalista. Uno de sus tíos, Alberto Alcocer, llego a ser alcalde de Madrid y como recuerdo ahí está la calle que lleva su nombre.

Desde muy joven ya mostró su compromiso, durante la Guerra Civil, para con España. Con unos catorce años, era un “balilla” y se dedicaba en el Madrid dominado por el Frente Popular a hacer de correo llevando mensajes de un lado para otro, ayudando a los nacionales que se encontraban en la quinta columna.

Después de la guerra se alistó en la Legión, en la compañía que capitaneaba un primo suyo, el cual era el encargado de reclutar voluntarios para la División Azul y Paco el responsable de elaborar la lista con dichos voluntarios, por lo cual le fue fácil dejar un pequeño espacio, el cual rellenó con su nombre una vez que la lista recibió el visto bueno de su primo. Y así, siendo menor de edad, se encontró luchando junto con otros camaradas en el frente ruso.
Cuando se descubrió su ardid fue ordenada su repatriación, pero para entonces ya había sufrido la congelación de una de su piernas, la cual al cabo del tiempo y ya en España le tuvo que ser amputada. A partir de aquí su vida corrió diferentes peripecias, pero siempre estuvo marcada por sus fuertes convicciones  falangistas y por su amor a España.

Cuando le conocí, después de la muerte de Franco, seguía firme en sus ideales, pero ahora ya no se limitaba únicamente a su defensa dialéctica, sino que se encontraba en primera línea de batalla. La lucha estaba en la calle y ahí se encontraba él, a pesar de faltarle una pierna no rehuía nunca la acción y el compromiso. Era un hombre valiente, no le temía a nada y para él frente a España su vida no valía nada. Muchas veces me decía que él tenía que haber muerto cuando murió su padre, la gran devoción de su vida junto a la Falange de José Antonio.

Participé con él en el inicio del Frente Español en la calle Hileras de Madrid, después la nueva Falange Española, en muchas acciones, en muchas contramanifestaciones. Después él se integro en el Frente de la Juventud, pero ambos seguimos luchando juntos cuando la Primera Línea y el Frente, por encima de intereses partidistas, se unían para defender a nuestra querida Patria de los peligros comunes.

Podría seguir contando muchas cosas más de Paco, pero quiero resaltar su integridad personal y política. No se doblegó ante nada, ni ante nadie. Siempre vivió libre. Fue durante muchos años una “atalaya” en la calle Goya de Madrid, con su “bazar nacional”, que Tierno Galván, gobernadores y otros quisieron cerrar varias veces, pero que no consiguieron, gracias a su tenacidad y lucha. Y allí siguió hasta el final prestando su servicio a las “fuerzas nacionales”, ayudando a tantos camaradas detenidos y exiliados, recogiendo dinero y apoyo moral para ellos. Siempre al servicio de todos.

Ahora se nos hará difícil pasar por la calle Goya y no verle allí, pero aunque sentimos que “hay un hueco en nuestras escuadras”, nos consuela el saber que él está allí en lo alto haciendo “guardia junto a los luceros”, marcándonos el camino del sacrifico, de la lucha y de la unidad de todos los patriotas para que esta  España nuestra vuelva a recuperar la senda del “Pan, de la Patria y de la Justicia” que nunca debió abandonar.

¡Francisco Alcocer!
¡¡Presente!!

Con mucho cariño, y echándote ya de menos.

Jesús Manzano