Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

5 jun. 2014

YA ESTÁ AQUÍ EL ENEMIGO






“Serán traidores a la patria y miembros indignos del estado, los capitalistas, los ricos que se ocupen como hasta aquí, con incorregible egoísmo, de su solo interés sin volver la cabeza a los lados ni atrás, para contemplar la estela de hambre, de escasez y de dolor que les sigue y les cerca“. 
 Onésimo Redondo.
 

Ya están de nuevo aquí. Y tocan a nuestra puerta golpeando nerviosos con los nudillos de sus cuidadas manos y claman a cajas destempladas apelando a nuestro patriotismo en el nombre de la “unidad de la patria“. Es la hora de los enanos y su cobardía les acerca de nuevo a los viejos senderos que solo los elegidos son capaces de recorrer. Gimen como viejas asustadas y se pasan la consigna mientras observan atónitos las banderas tricolores en las plazas de España: “que vienen los rojos, que vienen los rojos...“.
Empiezan a madurar en su cabeza la terrible idea de que aquel libelo bastardo que nació en 1978 de la traición más repugnante, tal vez no alcance a proteger su dorado sueño. La “magna carta“, la herramienta con la que abrieron las puertas al capitalismo más brutal, al separatismo más rancio y a la corrupción más impune. Una constitución que solo ha servido de corsé para el pueblo honrado; pues la casta política  – unos y otros – la ha usado como papel higiénico cada vez que les ha interesado, modificando artículos a su albedrío partidista. Y toca la derechona a nuestra puerta, esgrimiendo la urgente defensa de semejante ramera, cuando nosotros fuimos los únicos que siempre abjuramos de ella, que siempre dijimos en voz alta y clara lo que iba a traernos y que nunca nos hemos movido ni un milímetro de aquella postura.

 Y nos llaman a hacer frente común en la defensa de la patria, como si no supiéramos que ellos han cedido nuestra soberanía al Banco Central Europeo. Y nos llaman a hacer frente común contra el separatismo, como si no supiéramos que este fue creado artificialmente por ellos para enriquecer - todavía más-  a las oligarquías periféricas. Y nos llaman a hacer frente común en la defensa de la monarquía, como si no supiéramos que la “nefasta estirpe de los Borbones“  - como los definiera Blasco Ibáñez- ha convertido esta bendita tierra en su cortijo particular, enriqueciéndose exponencialmente mientras corrompen todo lo que tocan .

Y nos llaman a hacer frente común contra el imparable crecimiento de la izquierda, como si no supiéramos que ellos, con el rescate de la banca a costa del trabajador, los recortes en derechos sociales y laborales y el empobrecimiento de la nación, han propiciado como consecuencia inevitable, este repunte.

Apelan a nuestra beligerancia creyendo que nuevamente será la sangre de los nuestros la que se vierta en la primera línea mientras ellos se aferran a sus privilegios “de clase“. Pues siéntense y escuchen, patriotas de pulserita y banderita en sweter de polo; para nosotros no hay más clase que la del trabajo, ni más “grandes de España“ que los que madrugan a diario para con su esfuerzo poner un plato de caliente en su mesa. Y desde luego, no hay más nobleza que la que se destila por la frente de un obrero. Reflexionen bien los “camaradas“ que, contagiados del espíritu pusilánime de estos neocedistas, proponen agrupaciones contra natura; que piensen bien en qué trinchera se van a instalar, porque todo aquel que con el pretexto de la patria ignore a su pueblo, será cómplice de traición y como tal lo trataremos. Sobre todo, que recuerden que la sangre de nuestros caídos fue vertida por una España mejor para todos sus hijos y no para los hijos de una minoría. No secundaremos “males menores“, escuetamente porque éstos no existen.
Y si llega la hora de ser todo o nada, poco nos importará que el instante no sea el adecuado, pues cualquier momento aceptaremos como bueno si de entregar nuestra vida a cambio de nuestros ideales se trata. Lo mejor de nuestra “inmemorial pobreza“ - parafraseando a Gil de Biedma -  es que carece de sentido morir en la cama, porque ni siquiera ésta nos pertenece. Buscaremos nuestro final a pie firme, en áspera tierra española, mientras sonreímos esperando el seguro amanecer, aquel que “ya presentimos en la alegría de nuestras entrañas“.
Ya estáis de nuevo aquí, derecha cobarde y rastrera, tocando como ayer a nuestra puerta con los nudillos de vuestras cuidadas manos. 
No desoiremos la llamada, enfrente vuestro nos encontraréis.

Larrea