Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

1 mar. 2014

(Jaen 1/03/2014) LA TRANSICION COMO JAMAS TE LA HAN CONTADO. Conferencia de Juan antonio López Larrea



ESTA CONFERENCIA ESTA DEDICADA A TODOS LOS PATRIOTAS QUE SE DEJARON SU FUTURO, SU LIBERTAD E INCLUSO SU VIDA ENTRE LOS AÑOS 1975 Y 1981. LOS AÑOS DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA Y QUE NOSOTROS CONOCEMOS COMO LOS AÑOS DE PLOMO.



Como es habitual en la organización en la que estoy encuadrado; antes de dar comienzo a mi exposición, desde la humildad de nuestra posición pero con la contundencia de la razón; porque defender tu vida no es delito, EXIGIMOS libertad para Josué Estébanez, en prisión sin ningún género de dudas como consecuencia de su ideología política y no de los desafortunados sucesos en los que se vio envuelto.

JOSUE LIBERTAD.



Esta conferencia se titula, “La transición como jamás te la han contado “. Y el título resultará al final  rigurosamente cierto porque a diferencia de lo que hayáis podido ver, oír o leer hasta aquí, nosotros no vamos a clavar en la puerta de una catedral ningún dogma de fe. Ni vamos a sentar cátedra. Nosotros tan solo vamos a poner datos objetivos sobre la mesa, datos empíricos como diría un político. Datos objetivos sobre la mesa decía, y cada cual extraerá las conclusiones que su intelecto decida. Tan solo recordar un dato fundamental: las casualidades no existen en política.



Un hombre, un voto.

Permítanme que me ría…

¿Alguien presente en la sala sería capaz de afirmar que vive en un estado democrático?

¿Alguien es capaz de explicarme por qué en este sistema partitocrático el voto de un señor de Tarrasa vale más que el de un señor de Andújar?

¿Alguien es capaz de explicarme sin sonrojarse por qué el País Vasco es más reconocido históricamente - según nuestra flamante constitución -  que regiones que tanto han aportado a España como Castilla, Asturias o Aragón, por poner un ejemplo?

Es más, alguien puede decirme cuándo le han consultado en cuestiones tan importantes como: si usted desea un estado multicultural o prefiere mantener intactas sus raíces. O si le parece a usted bien que con su dinero se rescate a entidades privadas - léase banca -  de una gestión tan nefasta como sospechosa de delito. Les han preguntado si quieren 17 miniestados dentro del estado Español todos y cada uno compitiendo entre sí y repletos de cargos, edificios y coches oficiales y demás mamandurrias?. Acaso alguna vez se han dirigido a ustedes para consultarles si les parece bien que con sus impuestos se financie la birria del cine español o la integración de la mujer musulmana en el mercado laboral.

¿Les han preguntado si el estado de derecho debe pactar con terroristas?

¿Verdad que no?. Ustedes nunca han decidido si querían que el soldado español muriera en Afganistán, ustedes solo pueden decidir cada 4 años entre el señor de la chaqueta azul o el señor de la chaqueta marrón.

Pues bien, toda esta pantomima a la que llaman alegremente democracia no salió de la nada, no apareció como por arte de magia, no la trajo Juan Tamarit. El sistema actual no se puede comprender sin una aproximación, aunque sea somera a la   “modélica“ transición.

Pero antes de sumergirnos - y digo bien, sumergirnos – en ella, sería oportuno dar unos brevísimos apuntes del franquismo, pues no olvidemos que se trata de su estado original.



FRANQUISMO

No hace muchas lunas tuve la oportunidad de asistir a una brillante conferencia – como todas las suyas – del gran Pedro Varela. Tuve que pellizcarme para comprobar que no estaba soñando pues Pedro afirmó, sin sonrojo, que la etapa de Franco era lo más próximo a un régimen nacional y socialista que jamás había estado España.

 Argumentado, como siempre en Pedro, pues no es dado a afirmaciones “sui generis“ y admitiendo - por mucho que moleste a los puristas -  que no le faltaba razón; lo que más me llamó a la reflexión y quiero hoy destacar, no son las palabras de Pedro, sino el hecho de que, a día de hoy y sorprendentemente, los que jamás fuimos franquistas somos los únicos que no tenemos pelos en la lengua para hablar con claridad de lo que aquel régimen hizo por su pueblo. Nunca, en la larga historia de nuestra patria (recordemos, la nación más antigua del viejo continente) el trabajador estuvo más protegido, nuestra industria más respaldada, el futuro más asegurado y la unidad y la soberanía más garantizada. Jamás.

Recientemente, la liberal Esperanza Aguirre declaraba, en defensa de la vergonzosa reforma laboral que su partido ha acometido, “ya era hora de acabar con las leyes franquistas en materia laboral “. Vaya que si lo han hecho. Por ejemplo, en materia de indemnización por despido, hemos pasado de 45 días por año trabajado a 20.



Por hacerlo corto:

En julio del 36, una parte de España que no se resignaba a morir asesinada a manos de la otra mitad se reveló. Y puesta en pie, se aprestó a vender cara su piel.

Que no os cuenten milongas. No fue la reacción, ni la “nobleza “ que ya había puesto tierra de por medio, ni la oligarquía, ni siquiera el ejército (la mayor parte de los mandos se mantuvieron fieles al gobierno, solo la oficialidad fue mayoritariamente “golpista“);  sencillamente fue autodefensa.

No tenían ninguna posibilidad (como así recoge Prieto en sus memorias), el dinero, la industria –mención especial la armamentística– y las grandes ciudades quedaron en manos del Frente Popular.

 No tenían nada a su favor, salvo corazón.

 Y la razón.

La razón, al final de la conferencia volveremos sobre ella.

Franco no fue el cerebro del alzamiento -seguramente nunca quiso serlo-, solo se sumó tras el asesinato de Calvo Sotelo cometido por el gobierno, cuando comprendió que el enfrentamiento era inevitable.

 Las circunstancias y su talento militar, le pusieron al frente del movimiento. Franco era militar y católico y estas dos características fueron su referente durante todo su mandato.

Vale, pero…  ¿y qué fue de la Falange?.

Como siempre, la política internacional condicionó la propia.

Tras la derrota del Eje, el movimiento fascista español, Fe de las Jons, poco tenía ya que decir, aunque sobrevivió con cierta pureza varios lustros. Pese a todo, Franco le cedió dos parcelas fundamentales: la social y la de juventud. Magníficamente instrumentalizada la primera y “desaparecida en combate“,  la segunda.

Artífice de los grandes avances sociales del régimen con  Arrese o Girón , se creó la seguridad social, el seguro de desempleo, las mutualidades, las universidades laborales, la vivienda protegida… los Falangistas cumplieron dentro de lo que la historia les consintió - digan lo que digan los tontos -, no pudo hacerse más: habíamos perdido la última guerra europea.

Franco fue una persona que gobernó casi 40 años y murió sin mayor fortuna que la de su pueblo, que pronto le olvidaría, próspero y en paz consigo mismo.





LA TRANSICION



Un proceso histórico que cuenta más de mil muertos, un presidente de gobierno asesinado, atentados que asemejan acciones bélicas por su brutalidad, un golpe de estado y un rey que perjura; que me perdonen los entendidos, pero tiene poco de modélico.



La última ley que aprobaron las cortes franquistas fue la “Ley para la reforma política“, aprobada aún no hacía  un año de la muerte del general y sometida a referéndum el 15 de diciembre de 1976. Con una participación superior al 70 %, fue aprobada por el 80% de los votantes.

Que nadie se lleve a engaño por este éxito de participación o incluso de refrendo del “sí”. Recordemos que eran las mismísimas cortes franquistas las que proponían el cambio y simplemente como dato complementario podemos citar el referéndum sobre la Ley de sucesión que Franco propuso a los Españoles. El 6 de Julio de 1947 con un porcentaje del 89% del censo, el 93% de los votantes dieron el “sí” a Franco. Posteriormente, en el referéndum de 1966, conseguiría el 95% para el “sí”. Dos referéndum… exactamente los mismos que lleva nuestra flamante democracia.

Es decir, que los españolitos estaban acostumbrados a aprobar lo que se proponía desde el gobierno y como prueba irrefutable de lo que estoy diciendo, el hecho de que la mayoría de los españoles siguió votando “movimiento nacional“  hasta 1982, año en que Felipe González gana las elecciones. Porque no olvidemos que votar a Suárez, Rosón, Martín Villa y demás ralea era votar las mismas caras que habían acompañado al régimen hasta su final.

Aunque la transición no comienza en una fecha y a una hora concreta como si de un partido de futbol se tratara, sino más bien -como certeramente apuntó el historiador Fernando Paz- se trata de un proceso acumulativo; podemos delimitarla entre dos fechas concretas por la relevancia de los hechos que se produjeron y su importancia en dicho proceso: 22 de diciembre de 1973, día del magnicidio en la persona de Carrero Blanco, presidente del gobierno y mano derecha del Caudillo, y 23 de febrero de 1981, fecha en que se frustra un golpe de estado militar y la democracia cierra filas en torno a su rey.

Existe popularmente un reconocimiento unánime hacia Adolfo Suárez como el impulsor de la transición. Nada más lejos de la realidad. El verdadero ideólogo del proceso fue Fernández Miranda. Suárez si acaso fue el ejecutor, el mercenario necesario  elegido  como cabeza visible del proceso.

Torcuato Fernández Miranda, presidente interino del gobierno tras el asesinato de Carrero, fue el profesor de derecho político del entonces príncipe Juan Carlos. Secretario general del Movimiento entre el 69 y el 74, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; es solicitado por el nuevo Rey para que diseñe una fórmula legal para desmontar el régimen. De esta orden, se alumbró la Ley para la Reforma Política, entregada a Suárez -ya presidente de gobierno- para que la trasladara al consejo de ministros. Es también el responsable directo de que Suárez llegara a la presidencia ya que fue desde su condición de presidente del Consejo del Reino, cuando incluyó a este en la terna de candidatos entre los que Juan Carlos, lo eligirá.

Copio de su biografía, “Lo que el Rey me ha pedido “:

“hay que buscar una persona dirigible, dice el rey, realmente abierta y sin pactos previos. El único pacto lo acabamos de hacer aquí, tu y yo “;  refiriéndose al candidato para sustituir a Arias Navarro.

Aquél que confíe en traidores, más pronto que tarde será traicionado. El todopoderoso Torcuato se oponía al estado autonómico que se diseñaba y que el Rey ya había apalabrado con las oligarquías periféricas. El que fuera su delfín, Adolfo Suarez, acabó postergándolo. Poco tiempo después, un infarto lo dejó pajarito.

Toma por fin Suárez, ya convertido a todos los efectos en la voz de su amo, las riendas de la transición. A él se le encargan dos tareas fundamentales para afianzar la transición: un pacto de gobernabilidad con todas las fuerzas políticas -los pactos de la Moncloa- y el nuevo marco legal, la flamante Constitución. Tras cumplir con estos encargos, se le consideró amortizado y comenzó a caer en picado su carrera política, siendo una nueva muesca en el revólver de su majestad.

Suárez fue un magnífico ejemplo de ambición política, representando fielmente todos los estereotipos del típico trepa español. Prohijado por uno de los más importantes políticos del momento, Fernando Herrero Tejedor, llegó muy joven a alcanzar puestos de máxima responsabilidad dentro del aparato del estado; Procurador en Cortes, Gobernador Civil, director de RTVE y Secretario General del Movimiento.

El joven príncipe Juan Carlos y su señora esposa, se instalaron en España de la mano de Franco en 1963. La primera traición conocida del joven Borbón se produce el 5 de marzo de 1966, cuando deja de asistir a una reunión en la residencia de su señor padre en Estoril, donde éste iba a ser ensalzado por sus partidarios como el legítimo heredero de la corona de España. Don Juan lo entendió como una declaración de intenciones de romper la línea dinástica (como así fue). El 22 de julio de 1969 comete su segunda traición, ese día jura ante las cortes franquistas “guardar y hacer guardar las leyes fundamentales del reino y los principios que informan el movimiento nacional“. Es el día de su proclamación como sucesor al Caudillo. El 22 de noviembre de 1975 es proclamado rey, repitiendo la formula anterior. La traición se convierte en crónica.

Juan Carlos aterrizó en España como se suele decir, “con una mano delante y la otra detrás"; hoy es considerado una de las 10 mayores fortunas de Europa. Una auténtica fortuna amasada en una vida sin pegar palo al agua. Esa riqueza comenzó a fraguarse tras la muerte de Franco ya que éste lo mantuvo siempre con una asignación “adecuada a sus actividades". De este hecho y como recoge Jesús Palacios, el joven príncipe se quejaría frecuentemente hasta el punto de que destacados monárquicos, “completaban la asignación hasta cubrir sus necesidades". Juan Carlos, una vez añadido el numero a su nombre, se dedicó a hacer lo que al fin y al cabo habían hecho siempre sus antecesores en la dinastía: trincar. Solo por citar los ejemplos más conocidos,  María Cristina de Borbón hizo una verdadera fortuna con las comisiones por la instalación en España de las líneas de ferrocarril. Alfonso XIII, el abuelo del angelito, descubrió el maravilloso mundo de las concesiones de monopolios; a porcentaje, claro está. El actual rey de España “supervisa” la compra de hidrocarburos del estado español. Cada barril de petróleo, lleva asignada una pequeña comisión por su intervención.

En fin, volviendo a la transición, sus primeros años fueron titubeantes y en más de dos ocasiones se vio haciendo las maletas, pero una tarde un guardia civil entró pistola en mano en el Congreso y a la mañana siguiente el pueblo español se levantó Juancarlista. Recientes intromisiones familiares en su “modus vivendi” le han hecho perder aquel halo de credibilidad campechana; pero no parece que a estas alturas le inquiete ya su porvenir.

Muchos nombres a destacar en esta carrera de traiciones y locura por afianzarse en las nuevas esferas de poder, tan solo por nombrar a algunos por su importancia en sectores claves; citaremos a los generales Gutiérrez Mellado, Sáenz de Santamaría y Aramburu Topete. Al nuevo magnate de los medios e importantísimo creador de opinión, Jesús de Polanco y su esbirro, Juan Luis Cebrián. Y, cómo no! , no podemos olvidar al cardenal Tarancón, quien desde la importantísima diócesis de Madrid se convirtió en adalid de la democracia y de los “curas obreros”. Tarancón tenía una capacidad extraordinaria para sorprendernos incluso cuando ya pensábamos que no podía hacerlo. Como ejemplo, cuando fue consultado por Martín Villa acerca de la legalización de la Masonería  no tan solo dio su aprobación, sino que incluso se deshizo en loas hacia ésta en una rueda de prensa.


Todos estos personajes fueron fundamentales para la creación de opinión en una sociedad que estaba atónita ante lo que estaba viendo y que caminaba desconcertada entre lo que había vivido y lo que le estaban contando.  





AÑOS DE PLOMO

El Bunker o la ultra, adjetivos con los que fuimos identificados popularmente gracias a los medios de comunicación; los patriotas, tal y como nosotros nos reconocemos, fuimos meros convidados de piedra a la transición y si en algún momento fuimos notables figurantes de este proceso,  fue muy a nuestro pesar, pues fuimos vilmente utilizados como marionetas de un siniestro guiñol en el que siempre tiraron de las cuerdas los que impulsaron el cambio de régimen. Antes de explicar de qué manera servimos a los que combatíamos, relataré un par de hechos que servirán para ilustrar como el régimen nacido del 18 de Julio estaba carcomido desde dentro y traicionando a sus mejores hijos.

Blas Piñar nos contó en una entrevista, que con motivo del documental que elaboramos sobre Juan Ignacio nos concedió hace tres años y que de manera póstuma publicaremos en toda su extensión próximamente, un suceso altamente revelador.

 Corría el año 1972, es decir, un año antes del magnicidio y  tres de la muerte de Franco. Fuerza Nueva, en aquellos tiempos, obviamente, tan solo una editorial, decidió organizar un acto en Talarrubias ( Badajoz ) en homenaje a Juan Jara, falangista de primera hora y caído en diciembre del 33.  A tal efecto se solicitó autorización a la Sec. General del Movimiento (lo que se conocía popularmente como “la Falange”). Ésta ya había prohibido actos similares en Albacete y Cádiz, pero esta vez de la gestión se encargaba nada menos que el gobernador civil de la provincia y jefe provincial del movimiento en Badajoz, Daniel Riesco Alonso. El mismo Riesco, con lagrimas en los ojos y sin dar crédito a lo que había escuchado, comunicó a Blas que Torcuato Fernández Miranda personalmente le había llamado para anunciarle la prohibición del acto.

Ni que decir tiene que Blas mantuvo la convocatoria. Pues bien, la Guardia Civil cerró la entrada del pueblo y ante la evidencia de que el acto iba a celebrarse finalmente en una finca privada, tomó nota de las matriculas de los vehículos y la filiación de los ocupantes. Y esto en vida del Caudillo!!! .

Otro hecho, éste de carácter más anecdótico pero altamente revelador  lo contaba mi camarada Pedro Pablo Peña cuando por una serie de circunstancias tuvo que ir a realizar una gestión a la Secretaria de la Juventud. Como referencia le habían dicho que preguntara por “fulanito de tal”. Tras preguntar varias veces por el Sr. Fulanito, nadie allí caía quien era, hasta que por fin un funcionario dijo, “coño ya sé quien es, el falangista!!”. Y esto en la Secretaria de la juventud!!, que gestionaba por ejemplo, el antiguo Frente de Juventudes. Vamos, como si uno hubiera entrado al Kremlin a preguntar por alguien  en el Moscú de Breznev  y le hubieran dicho, “ anda, el bolchevique!!”.

Estos hechos, tan solo un par de anécdotas de entre las tantísimas que podríamos relatar, demuestran cómo el régimen había dejado de creer en sí mismo, cómo se había permitido la infiltración y cómo ésta incluso había sido auspiciada por los mismísimos estamentos del poder.

Y además nos plantea una reflexión, ¿en alguna dictadura de verdad se hubiera podido producir algo así? Ni en broma.

El 9 de mayo de 1976, en la montaña sagrada del Carlismo, Montejurra, se produjo un enfrentamiento entre los partidarios del Partido Carlista, de orientación izquierdista, liderado por Carlos Hugo y los seguidores de su hermano Sixto, líder del Requeté. Dos muertos y una treintena de heridos fueron el balance de una jornada que estaba programada para haber sido muchísimo más sangrienta. En la cima de la montaña había sido instalada el día de antes una ametralladora y era patente el posicionamiento de hombres armados. Los enfrentamientos comenzaron en la explanada del monasterio de Iratxe y se prolongaron durante toda la mañana hasta la cima. 27 años después, en el año 2003, Sáenz de Santamaria, en la fecha de los sucesos general en jefe de la Guardia Civil, reveló que tanto Arias Navarro (presidente de gobierno) como Fraga (ministro de interior) y el general Juan Valverde (director del Cesid) estaban al corriente de lo que allí iba a suceder. A día de hoy, sobre los sucesos existe una nebulosa, con la instrucción del sumario desaparecida y sin que nadie haya sabido muy bien explicar que se pretendía con aquella acción que obviamente había sido urdida en las cloacas del estado. Aquella noche, D. Sixto fue evacuado de España escoltado hasta Barajas por inspectores de policía cuando ya el juzgado de Estella había dictado una orden de busca y captura sobre su persona.

El 24 de enero de 1977, cuatro abogados laboralistas y un oficinista, vinculados al PCE que en aquellas fechas era ilegal, fueron muertos a tiros. Cuatro abogados más resultaron heridos en la misma acción.

Esa misma semana murieron en manifestaciones a favor de la amnistía dos izquierdistas.

El año 1977 había nacido con los peores presagios. Negros nubarrones se cernían sobre el diseño cuidadosamente estudiado del nuevo estado liberal. El Grapo había asesinado a dos guardias civiles y a un policía nacional, además mantenía secuestrado al presidente del Consejo del Estado, Oriol y al general Villaescusa. Eta seguía con su escalada de muertes (28 ese año) y el Mpaiac había colocado sendos artefactos explosivos. Cuanto más se avanzaba hacia la deseada democracia, más se le iba al gobierno de las manos la situación. Además, el presidente Suárez estaba en una encrucijada: a la oposición total del ejército a la legalización de los comunistas, había que añadir la indiferencia de la gente. No había una corriente de opinión a favor de éstos,  ninguna inquietud social, ni siquiera una simpatía más allá de sectores de la iglesia.  Y sin embargo, el mes se cerraba con una masiva manifestación de duelo por las victimas de Atocha en un orden y un silencio ejemplarizante. ¡Qué giros tan sorprendentes tiene la política!. Escasos tres meses después, en el conocido como “sábado santo rojo”, en plenas vacaciones de Semana Santa, Suárez legalizaría al PCE, haciendo constante referencia precisamente al talante democrático demostrado en aquella semana trágica de enero.

Sobre la matanza y su oportunidad, no somos tan solo nosotros los que albergamos dudas; pero sí somos los únicos que a día de hoy insistimos en ellas.  Jaime Sartorius, abogado de la acusación particular, declararía años después: “ Faltan las cabezas pensantes. No nos dejaron investigar. Para nosotros, las investigaciones apuntaban hacia los servicios secretos, pero sólo apuntaban. Con esto no quiero decir nada”.

Pues no, no quiso decir nada y de hecho, no lo hizo . Yo me pregunto quién no les dejó investigar. ¿O no quisieron hacerlo?. La oscuridad alcanza hasta el mismísimo partido comunista, habida cuenta de que la reunión a la que acudieron los abogados muertos había sido trasladada a otro local pero a éstos “alguien” se olvidó de avisarles. De la misma manera que algunos de los fallecidos eran disidentes del liderazgo de Santiago Carrillo. Demasiadas sombras pero una sola certeza, el PCE fue legalizado tras la acción de unos camaradas. Camaradas que dicho sea de paso, eran de lo mejorcito que he conocido. Resaltar para terminar este punto que la amnistía de 1977, a los únicos reos que no les fue concedida fue a los del caso Atocha. Y además, ahora que tanto se habla del acto de humanidad que representa la liberación del enfermo ¿terminal? Bolinaga, Francisco Albaladejo  murió de cáncer en prisión.

El 12 de diciembre de 1980 era asesinado el líder del Frente de la Juventud, Juan Ignacio González. En la puerta de su casa de tres certeros disparos realizados de manera profesional. A día de hoy es el único crimen perpetrado sobre un líder político desde la muerte de Calvo Sotelo que no ha sido resuelto.

El Frente de la Juventud era un partido político tal y como aún consta en el registro de asociaciones del ministerio del interior, que surgió de la única escisión que tuvo Fuerza Nueva. Fue el primer partido político desde el decreto de unificación, es decir desde la defunción de la Falange primigenia, genuinamente nacional y revolucionario. En su formación latía precisamente la iniciativa de volver a los postulados revolucionarios y adaptarlos a las nuevas corrientes neofascistas Europeas.

Ciertamente la inmadurez de bases y dirigentes hizo cometer al Frente de la Juventud muchos errores pero yo prefiero recordar la honestidad, la ilusión y el ímpetu con el que desarrolló su activismo. Desbordado por el clima de máxima  tensión en el que se vivieron aquellos años, el Frente no era más violento que la mayoría de los grupos radicales de la época y al decir radicales me estoy refiriendo a todos los colores políticos. Dos hechos puntuales marcaron el devenir del Frente de la Juventud y su giro hacia posiciones abiertamente fuera de la ley. Uno, las lamentables declaraciones del ministro del interior Juan José Rosón en las que afirmó que los dos mayores enemigos de la democracia eran Eta y el Frente de la Juventud, poniendo a la joven formación en el punto de mira de todo el mundo. El segundo, el atentado del Grapo en la cafetería California 47, lugar habitual de reunión de los Frentistas, que dejó  9 muertos y 60 heridos. Desde aquel momento, el Frente de la Juventud decidió armarse y “echarse al monte”.

El atentado ocurrió el día 29 de Mayo de 1979. Alrededor de las cinco de la tarde, el grupo nacionalista "Frente de la Juventud" colocó una pequeña caseta frente a la cafetería 'California 47', situada en la conocida calle Goya, en Madrid, y pacíficamente se dedicaron a repartir folletos informativos y vender enseres propagandísticos. A los pocos minutos varias patrullas de la policía nacional irrumpieron en la calle, cachearon a los militantes y confiscaron los objetos en venta, obligando al cierre del pequeño puesto. La jornada se siguió desarrollando sin incidentes cuando, aproximadamente a las 18:30 horas un artefacto explosivo hacía volar la cafetería, causando innumerables daños materiales, 8 personas muertas y aproximadamente 40 heridos.

En enero de 1981, tan solo tres semanas después del asesinato de su líder y a otras tantas del 23 de febrero, el Frente de la Juventud fue desmantelado, medio centenar de sus activistas y la práctica totalidad de sus cuadros fue detenido y encarcelado en una operación policial con todo un despliegue de medios informativos.

Existe una teoría -la de Ernesto Milá- no muy extendida aunque sí ha ido ganado peso, acerca de la trama civil del golpe. Esta teoría sostiene que el grupo que iba a entrar en el congreso y reducir a los diputados, provocando de esta manera la intervención de la Guardia Civil en primera instancia y del ejercito en segunda, el grupo decíamos que iba a hacer de chivo expiatorio, era ni más menos que ese medio centenar de radicales Frentistas al mando de Juan Ignacio González, único enlace entre la ultra y los organizadores reales (sin acritud lo de “reales”). La eliminación de Juan Ignacio se produciría como consecuencia necesaria del cambio de planes. Yo no la comparto, pero sí reconozco cierta base ya que hay tres puntos oscuros o no convenientemente aclarados en el sumario del proceso 23-F. Uno, siempre se habló de que la intervención de Tejero iba a estar provocada por una acción terrorista en las Cortes; acción que nunca se produjo. Dos, está acreditado que Tejero compró un centenar de uniformes en el rastro; ¿con que fin?. Tres, a través de su mujer, el teniente coronel suscribe un préstamo personal por valor de siete millones de pesetas con los que adquiere sendos autobuses; ¿a quién pensaban trasladar en ellos?.

En fin, más sombras para la modélica transición.

Al final, de todos aquellos jóvenes idealistas que cedieron su futuro a la causa, lease San Bao, Atocha, Retiro, Frente, El largo adiós, Batallón Vasco Español y tantas otras “causas con reo” , tan solo media docena escasa permanece militante. Los años de cárcel y las injusticias que sobre estos patriotas se cometieron hicieron que su fortaleza -que no sus ideas porque no conozco a ninguno que haya abjurado de estas- se doblegase. Y todavía hay algún necio que se dice a si mismo camarada que sugiere que “nos tomamos vacaciones en la revolución”. Hace falta ser miserable.



CONCLUSION

Estos son los hechos, estos son los protagonistas y éste -la democracia actual- es el sistema que salió de todo ello. La frase canallesca, “cambiar todo para que nada cambie”, tal vez sería el epilogo perfecto para resumir como un régimen que nació puro, acabó perdiendo la fe en sí mismo y permitiendo que sus instituciones acabaran corrompiéndose desde dentro y poniendo finalmente precio a su disolución.

Deciamos al comienzo de la conferencia que con todo en contra, los alzados de 1936  hallaron su fortaleza en dos pilares fundamentales: el corazón y la razón. Y nos emplazábamos a volver sobre ellos para terminar.

 García Oliver, ministro anarquista de justica del Frente Popular  declararía: “los fascistas cuando les atacan en ciudades aguantan mucho y los nuestros no aguantan nada. Ellos cercan una ciudad y a los dos días es tomada; la cercamos nosotros y nos pasamos allí toda la vida”.

 * No hubo otro caso semejante de resistencia en el Frente Popular, aunque sí bastantes situaciones en que las tropas izquierdistas –mucho menos las separatistas— lucharon con dureza y efectividad, sin llegar, no obstante, al heroísmo. Con cierta tosquedad expresó la diferencia  García Oliver: “Se está dando un fenómeno en esta guerra, y es que los fascistas cuando les atacan en una ciudad aguantan mucho y los nuestros no aguantan nada; ellos cercan una ciudad y al cabo de unos días es tomada. La cercamos nosotros y nos pasamos allí toda la vida”. JUAN GARCIA OLIVER, Ministro de Justicia.



He querido traer estas palabras precisamente aquí, a escasos metros del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, lugar donde se escribió uno de los muchos episodios heroicos de la contienda civil; como en Toledo, Simancas, Oviedo, la sierra de Alcubierre, el Alto del león o tantos otros, para recordarnos a todos la importancia que tiene poner el corazón en cada uno de nuestros actos. Sin esa pasión seremos vulgares y débiles, como aquellos propios que amargamente lamentaba García Oliver.


¿Por qué nos odian así?, ¿de dónde viene esa ansia obsesiva por silenciar nuestra voz?. ¿Por qué esa persecución cruel y despiadada hacia nosotros?, “ahora que todas las guerras hemos perdido, ahora que solo somos la sangre sobre la nieve, la memoria de niños con uniforme, las espesas cenizas de la guerra civil…?".

La respuesta, alta y clara. Y limpia como nuestra mirada. Y pura como nuestros ideales: 

 ¡¡ PORQUE TENEMOS RAZON !! 

Muchas gracias por vuestra asistencia.

  ¡Arriba Europa!

  ¡Arriba España!