Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

11 dic. 2013

EN MEMORIA DE MI AMIGO JUAN IGNACIO GONZALEZ RAMIREZ

 
 12 de Diciembre de 1980, hace 33 años, unos desalmados y cobardes mercenarios, asesinaron a mi Jefe y gran amigo Juan Ignacio Gonzalez.
Siempre pensé que el tiempo, cicatriza nuestras heridas, mitiga el dolor y hace olvidar los momentos más duros de nuestra existencia.

Estaba equivocado. Los años me han dado múltiples lecciones. Lo primero es comprobar que las cosas no acontecen por libre albedrío. Todo tiene un por qué.
El asesinato de Juan Ignacio, fue planificado meticulosamente, en los despachos del Ministerio del Interior, durante esos años convulsos de la “Transición del Plomo”.
A diario ETA y GRAPO asesinaba con la mayor impunidad y con la colaboración de los partidos de la transición, PSOE, comunistas e independentistas de todas las latitudes de España.
Las víctimas eran humilladas, vilipendiadas, olvidadas y lo peor era que las intentaban criminalizar. Sus cuerpos sin vida, eran sacados por las puertas traseras de los organismos oficiales, a altas horas de la madrugada. Ni siquiera la Iglesia era capaz de oficiar una Misa en la memoria de los asesinados.

El Frente de la Juventud, era uno de los pocos grupos que se oponían a semejante dislate. Soy testigo de la cantidad de veces que fuimos a acompañar a nuestros muertos y familiares. La soledad de las victimas era vergonzosa e insoportable. Cuantas noches de viaje a nuestras provincias vascongadas, para acompañar a nuestros caídos.
Recuerdo la impotencia de nuestro Juan Ignacio, como le hervía la sangre y le palpitaba la rabia, ante las continuas injusticias. Casualmente, por la noche, en pleno corazón de la ciudad con los cachorros asesinos de ETA, hacíamos acto de presencia, en lo que ellos consideraban sus dominios. Juan Ignacio, siempre dejó bien claro, que por muchos borregos que allí estuvieran, quien mandaba, a pesar de estar en desventaja de diez a uno. 

Cuántos recuerdos de años de constante combate. Siempre supiste alzar la bandera de la amistad y la camaradería.
Anoche me vino a la cabeza, la primera vez que tuvimos que salir huidos de nuestros hogares, pues la policía represora de la época nos iba a detener. Habíamos estado por la mañana en una facultad, creo que magisterio, la chusma roja agredió el día anterior a varios camaradas, entre ellas dos valientes mujeres. Supiste dar el justo castigo a los cobardes agresores.
Estuvimos dos días juntos, durmiendo en el piso de un Tradicionalista cántabro. Recuerdo nos acompañó nuestro querido Paco Metralleta. Fue un gran regalo las horas que pasamos juntos. A los dos días nos presentamos en la DGS, fuimos detenidos las 72 horas reglamentarias. Cosa rara, pues lo normal era que se nos aplicara la ley antiterrorista y se nos tuvieran diez días de tortura e incomunicación. Aunque estábamos incomunicados, se oía tu voz en los lúgubres sótanos dando consignas y levantando nuestro ánimo.
Lo que daría por volver a revivir esos maravillosos años que pasamos juntos, en la que alumbraste mi corazón ,momentos de diversión, reuniones, batallas, heridos, sangre caída y muertos; miedo a raudales, que nos hacía cada día ser más fuertes y combativos.
El Frente nunca fue un movimiento de masas. Prevalecía la calidad a la cantidad.
Las ratas de los políticos de la época, eran conscientes del verdadero peligro que les suponía el incremento de los grupos patriotas. Las mismas sanguijuelas que con Franco levantaban el brazo y vestían de camisa azul, las mismas y repugnantes sabandijas que nunca se bajaron del coche oficial, los mismos “Rojones y Villanos” que lavándose las manos, dieron la orden del asesinato de Juan Ignacio.
Una vez cumplido su objetivo, utilizarían sus apestosos medios, para silenciar y difamar una figura limpia e impoluta.
Les salió mal, los medios de comunicación intentaron callar el asesinato con un supuesto ajuste de cuentas ¡¡¡ Miserables ratas cobardes!!!
Nadie les creyó, intentaron silenciar su entierro, hacer como en los funerales de los centenares de crímenes cometidos por ETA. Sacar a los muertos por la puerta trasera y en silencio.
Igualmente erraron, Juan Ignacio a hombros de sus mejores, desfiló victorioso por las principales calles de Madrid, a pesar de la prohibición dada por sus mismos asesinos, desde sus madrigueras.
Aquello fue una verdadera batalla campal. Cargas policiales contra la comitiva y contra el mismo féretro. Heridos, balas de goma, sangre caída a raudales. Incluso el mismo féretro en Atocha cayó al suelo. Los que la chusma mercenaria no sabía, es que docenas de manos de niños y mujeres relevarían a sus camaradas caídos y heridos por las fuerzas policiales. Los sicarios fueron rechazados a puntapiés.
La última batalla, fue ganada después de muerto. Juan Ignacio entra a hombros de los suyos en la Sacramental de San Justo.
Treinta y tres años después, se me amontonan los recuerdos y reflexiones.
Todo está igual de mal o incluso peor.
Se sigue asesinando a los patriotas europeos, con la mayor impunidad y complicidad del sistema del “Nuevo orden”
Las cárceles han pasado a ser lugar destacado del honor, donde se aplica la mierda de justicia, solo a nuestros jóvenes, por cometer el terrible crimen, de defender la propia vida, ante una terrible agresión.
Los jueces con valor, capaces de encarcelar a un banquero, culpable de la ruina de miles de nuestros pensionistas, después de saquear y robar a nuestros ancianos, no solamente dejan en la calle al usurero ladrón, si no que condenan al juez que pretendía aplicar justicia.
La independencia de los poderes, produce una terrible carcajada, EL Tribunal supremo, constitucional y europeo, son una caricatura que obedecen las órdenes de sus amos.
Terroristas, asesinos y violadores, en la calle.
Elaboración de leyes, dignas de la peores de dictaduras marxistas, con el único fin de exterminar a cualquiera que no comulgue con su apestoso sistema, o sea nosotros.
Mediocres, basuras, maricones y lesbianas, mueven los hilos de nuestra sociedad enferma y herida de muerte, siendo los “ejemplos” a seguir por nuestros jóvenes.
La apatía, cobardía y pasotismo, son las nuevas banderas de la mierda de sociedad que disfrutamos.
Juan Ignacio, representó una época, con dignidad, abanderó la llama bordada con la sangre derramada de los mejores. Compromiso de lucha, esfuerzo y sacrificio.
Treinta y tres años después, tus amigos y camaradas, seguimos portando tu estandarte. Después de tu asesinato, los tuyos fueron eliminados, de la manera más ruin y cobarde que contempló la transición española, sin que ni una sola voz se alzara ante tal injusticia.
Centenares de patriotas detenidos, encarcelados, torturados y los que mejor suerte corrieron, exiliados a Sudamérica.
Lo que probablemente nadie sabe, es que a fecha de hoy existen todavía patriotas perseguidos y exiliados, que no se les permite regresar a su patria, por lo que aconteció hace más de treinta años, a los que inconcebiblemente, nunca se les aplicó la prescripción.
Cuántas noches me despierto, y me hago la misma pregunta. ¿Merecen nuestros hijos y nietos la España destruida que les vamos a legar? Probablemente, dentro de unos años, nos echarán en cara la desintegración y saqueo total de nuestra Patria.

Desde estas lejanas tierras de Brasil, contemplo con melancolía, un cielo despejado y limpio. Todas las noches alzo la mirada y veo una estrella muy especial. Alumbra de una forma completamente distinta al resto. Es tu lucero, Juan Ignacio.

BRASIL 12 DE DICIEMBRE DE 2013. 
Fdo. Abelardo Pons.