Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

11 sept. 2013

CONTIGO O SIN TÍ

Por Juan Antonio López Larrea

En no demasiado tiempo entrará en vigor la conocida como “ley Gallardón “, una ley que lejos de homologarse con otras que ya existen en buena parte de Europa, va un paso más allá del concepto antidemocrático de aquellas para zambullirse de lleno en lo que se podría llamar sin ningún temor a equivocarnos, la dictadura liberal.

La ley española parida por el ambicioso Ruiz Gallardón, además de prohibir cualquier tipo de debate o alusión que ponga en duda el holocausto, aprovechando que el Pisuerga pasa por El Sinaí, extiende su prohibición a cualquier apología del fascismo. Fascismo así, tal cual, convirtiendo la ambigüedad del termino genérico en una peligrosa arma arrojadiza contra cualquiera que el Estado decida que es merecedor de ser etiquetado con el sambenito. Una pistola en manos de un mono con ojos vendados.

Añadamos a esta aberración jurídica el pago por peaje las nuevas tarifas del ínclito ministro, tasas judiciales que limitan la capacidad del pobre para reclamar un derecho fundamental del ser humano como es la justicia; y tendremos el coctel perfecto para formar la justicia de clase. De su clase, off course.

Tampoco Albertito es un tipo demasiado original, la verdad; ya la muy democrática IIª república, espejo en el que se miran tantos cretinos - aunque ésta al menos, bajo el gobierno marxista del Frente Popular - hizo algo parecido: la ley de Defensa de la Republica de 1931. Esta ley propició la clausura de las sedes de Falange Española, el cierre de sus periódicos y la detención de sus líderes. Líderes que después serían asesinados en las cárceles.
Que nadie se engañe, esta nueva ley será bendecida por todos los estamentos de la sociedad y no será abochornada en ningún editorial de ningún medio de comunicación. Ni será recurrida por el defensor del pueblo, ni será tema de debate en ninguna tertulia, ni habrá ningún Observatorio de estos que ahora proliferan, del tipo “por la integración laboral de la mujer musulmana“ o “por la defensa de la fauna autóctona de Tombuctú “ .
Ni siquiera producirá murmullo social.
La persecución de la bestia fascista será bendecida unánimemente.

Aquí sí se ha apuntado un buen tanto - ¿el único? - el ministrillo con pintas de empollón afeminado.
Tal vez esta ley sea - y digo tal vez - el pago al espaldarazo que en su pugna dentro de su partido, recibió por parte de sus amigos de la Casa Sefarad.
Mucho se está hablando - y más que se va a hablar - en los círculos patriotas de esta nueva ley y de qué manera nos va a afectar. 

¿Por qué? y ¿por qué precisamente ahora?

Ahora que, parafraseando a Vitali, tan solo somos el humo en las ruinas de Dresde o Hiroshima, la memoria de niños con uniforme, la sangre en la nieve...
Ahora que nuestras ideas han sucumbido ante la literatura de los vencedores.
¿Por qué el fascismo debe ser, no solo proscrito sino condenado a desparecer en la noche de los tiempos y enterrado por el polvo de la historia?
¿Qué oscura motivación puede haber impulsado una ley aparentemente innecesaria y que vulnera la actual Constitución Española?
No es el miedo a nosotros sin duda, marginal reducto de ideas asesinadas, generaciones de almas golpeadas sin tregua, víctimas de la perpetua cadena de los vencedores sobre los vencidos.
Tampoco puede ser el miedo a nuestra ideología, tan vilipendiada y desvirtuada que el mero hecho de su enunciado provoca el rechazo inmediato y la sordera de los próximos.

¿Cuál es el temor?, ¿cuál es entonces ese miedo visceral, ese que recorre el cuerpo con un sudor frio y atenaza los músculos?
Es el miedo a LA VERDAD.
Un miedo pavoroso no a lo que somos ni a lo que pensamos, sino a lo que representamos.
Porque LA VERDAD es que el actual sistema que impusieron los vencedores se cimenta sobre la mayor falacia del siglo XX.
Porque somos los que disentían y disienten contra un sistema agotado.
Porque somos los que lucharon y luchamos contra la usura, el cáncer del mundo.
Porque fuimos y somos los que denunciaron y denuncian esta falsa democracia.
La defensa de LA VERDAD es la que hizo saltar por los aires a Duprat en su coche o a Juan Ignacio desangrándose en brazos de su madre.
Nosotros animamos a todos aquellos que aún sienten en sus entrañas la llama del fascismo y en sus gargantas el grito silenciado, a que abandonen teclados y cuarteles de invierno, a que olviden pasadas rencillas y antiguos rencores, a que se soslayen los matices ideológicos . Y a que se levanten de nuevo y expongan su rostro al aire frio de las calles.
Da igual, azules, negros o pardos; a todos nos formarán frente a la misma pared.

Hace años levantamos una bandera y nos dispusimos a defenderla alegremente, poéticamente.
Nuestra bandera es negra como el luto y en su centro no colocamos una cruz, ni un escudo, ni siquiera un antiguo símbolo Europeo. ¡Lo colocamos todo!, representándolo en el perfil del camarada caído.
En ACIMJI no vamos nunca a arriar esta bandera. Ni queremos, ni podemos hacerlo; por lo que nos podréis encontrar en primera línea del fuego de Gallardón.
Si por casualidad, antiguo camarada, estas líneas caen en tus manos y sientes que algo se remueve en tu interior, ya sabes dónde encontrarnos. Nuestra trinchera es la tuya.
Si no es así, bienvenido al sistema, aparta de nuestro camino. Seguiremos adelante, contigo o sin ti.

Hola, me llamo Juan Antonio López Larrea y soy fascista
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3 sept. 2013

EL PUEBLO SIN MEMORIA.





Por Juan Antonio López Larrea 

Ahora que la actualidad manda, ahora que el caso Gibraltar se desinfla ante los acontecimientos venideros, de la misma manera que desinfló éste a Bárcenas.

Ahora que todos los ojos están puestos en las televisiones para ver la tragedia de la guerra en directo, sin pausas publicitarias. 
Ahora que nuevamente mi pueblo se olvida de sus seis millones de parados, de la inmensa deuda pública y de la corrupción generada por un sistema agotado. 
Ahora que la izquierda se concedió una tregua en sus reivindicaciones callejeras para disfrutar de su “merecido“ descanso estival.


Ahora que todos parecen haberse puesto de acuerdo en que España pase a un segundo plano informativo, justamente ahora, me asalta una duda verdaderamente trivial ante la inmensidad de la vorágine que nos acecha: ¿quién coño sería el autor de aquella frase tan desgastada por uso, de "el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla“?. 
Porque, seamos serios, si hubiera una modalidad olímpica en esta disciplina, España sería medalla de oro a perpetuidad. La facilidad con que el pueblo español olvida ofensas e infamias, es de nota. 
Nada parece hacer mella en esta sociedad, humillada en su soberanía, arruinada por sus políticos, desposeída de sus derechos y abocada sin remedio al exilio de sus hijos. Y tiene aun mas guasa, si cabe, la frasecita cuando es fácilmente constatable que el pueblo español ya ni podría olvidar su historia, porque ni siquiera la conoce. Tristemente, es público y notorio que conocía más de la historia de su patria un bachiller de “la oprobiosa“ que todo un licenciado de la democracia.
 
A la vista de los acontecimientos, no podemos más que llegar a una conclusión: nada fue casual . El alejamiento de los niños de sus raíces es el fruto de una cuidadosa estrategia diseñada para conformar la sociedad que hoy tenemos. Jóvenes alienados por el sistema, cuya única patria reside en los 20 dígitos de una cuenta corriente. Cuyos únicos referentes son estrellas deportivas. Cuyo mayor anhelo es poseer todos los bienes materiales que la publicidad pone ante sus ojos. Y no se les puede hacer culpable. Y menos en un país donde los últimos presidentes hablaban catalán en la intimidad o afirmaban, sin ningún sonrojo ni nadie que los pusiera frente a una pared, que España “es un concepto discutido y discutible“. Pero este desconocimiento de nuestra historia, no hace que no exista, que no esté ahí, dormitando el sueño de los justos, agazapada en las sombras del tiempo, como el cazador que espera su momento.


España es pródiga en motines, en subversiones, en alzamientos, en rebeliones. Sus gentes, que con tanta generosidad olvidan su historia, son especialistas en derramar el vaso colmado por la última gota, en dar un puñetazo en la mesa cuando el castaño se sube de oscuro, en verter sangre propia o ajena sin miramiento cuando la paciencia le desborda. Y cuando este punto ha sido rebasado, históricamente está demostrado que el español es un pueblo difícil de detener. Los Comuneros, Esquilache, un infante que llora partiendo hacia el exilio, juderías asaltadas… 
Tanta sangre ha regado la patria nuestra, tantas causas justas han forjado nuestro carácter, que solo podemos llegar a una conclusión: nuestra “élite gobernante“ se ha contagiado de la ignorancia de nuestra historia que con tanto celo han cultivado. Hacen mal; no puedo menos que sonreírme recordando al gran Lope, “¿quién mató al comendador?, Fuenteovejuna fue. ¿Y quién es Fuenteovejuna? ¡¡Todos a una!! “.


Fuenteovejuna es cualquier pueblo o ciudad de España en un momento dado. Y de entre tantos hechos que a lo largo de siglos han ido conformando la tierra que pisamos, relataré a modo de malintencionada alusión a nuestros próceres dirigentes, uno de los menos conocidos, el Motín del Pan:

1652, una gran recesión económica recorre Europa. A la crisis económica, Felipe IV, rey de las Españas, tenía que sumar el gran desembolso que exigían las guerras que libraba. La subida de impuestos y la recuñación del valor del vellón fueron sus medidas económicas para pagar a sus financieros. Como consecuencia, el pueblo se veía cada vez mas empobrecido y el hambre estaba a la vuelta de la esquina. Y éste llegó sin avisar. Una epidemia de peste y una prolongada sequia hizo que el precio del trigo se disparase. Los mayoristas comenzaron a hacer acopio de grano con el fin de especular con el hambre del pueblo. El gobierno no reaccionó y el pueblo se echó a la calle . “Caballeros de Sevilla, si no abaratáis el pan, lo pagarán capotes y gabardinas“.  Corrió la sangre.


Malos tiempos vivimos, pero si me dieran a elegir entre pueblo o caciques, me quedaré entre los primeros. Ni soy desmemoriado, ni me formé en la Logse; yo crecí recitando los Reyes Godos y eso, macho, imprime carácter.