Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

31 may. 2012

VICTIMAS Y VERDUGOS


A la memoria del GC MARIO LEAL.








Las paredes acallan el gemido
de la madre herida que aun respira.
Su hijita yace en el colchón muerta.
¿cuántos se le han echado encima?
¿un pelotón?, ¿una compañía?
La niña se convirtió en mujer.
Y la mujer en cadáver

A. Solzhenitsin, "Noches prusianas".




Anónimo estudiante de las confrontaciones bélicas, jamás me ha interesado en demasía ni el armamento, ni la estrategia; carezco de formación militar fuera de la obligatoria en mi juventud y mi interés por estos temas no va más allá del complemento lógico del observador de batallas.
Lo que de verdad me ha interesado desde que me inicie en esta "afición", ha sido el lado humano. Desde las causas de cada conflicto, hasta las consecuencias, pasando en este recorrido por los protagonistas - directos o indirectos - y por el paisaje tras la batalla.
No sabría precisar, empero, cuál es considerada la primera batalla de la historia, ni siquiera la última.
Pero sí sé, de Perogrullo, que la primera fue con palos y piedras y la última con "misiles inteligentes" capaces de entrar por el tiro de una chimenea del objetivo previamente seleccionado a kilómetros de distancia.
La "guerra inteligente", tiene gracia el contrasentido.
La humanidad ha perfeccionado su forma de matarse a medida que evolucionábamos en educación y cultura y desarrollábamos organismos vigilantes de la "paz mundial".
Pasamos en esta siniestra evolución, del enfrentamiento cara a cara, vertiendo con tus propias manos la sangre de tu enemigo y viendo cómo por tu acción, se le escapaba la vida, a las armas de destrucción masiva.

Como decía al inicio, no entiendo de armamento, pero un poco sí, de víctimas.
Tal vez por ese motivo, no soy ajeno al conocimiento de la única arma que se ha mantenido invariablemente en todos los conflictos a lo largo de la historia. Siempre dispuesta y siempre eficaz. Naturalmente, estoy hablando del arma que el hombre carga entre sus piernas.
La violación ha sido tradicionalmente un arma fundamental en los ejércitos y la prueba es que se ha mantenido con testarudez a lo largo de los siglos.
Ha servido tanto como incentivo a la soldadesca en un asedio, como castigo a los defensores o como último fin de la conquista, degradando y humillando a la parte más débil del territorio conquistado.

Arrancaba con los sobrecogedores versos del nobel de la paz Alexander Solzhenitsin, que supongo escribió tanto para descargar su conciencia, como para llamar la atención ante la barbarie de ese acto. El escritor, a sus 27 años, comandante del Ejército Rojo, fue uno de los primeros en aproximarse a Berlín. Testigo de miles de violaciones y asesinatos, “Y la madre suplica al soldado que la mate“, abominó toda su vida hasta que falleció en 2008, de su incapacidad para detener aquella horda brutal de sangre impulsada por el mismísimo Stalin.
Desde la lujuria de los turcos en las puertas de Bizancio, hasta la guerra de los Balcanes, la agresión sexual ha sido el arma más temida por la población no combatiente y como hemos podido comprobar, ha sido -conscientes de este hecho- impulsada por mandos y dirigentes políticos.

ETA lleva más de medio siglo librando contra los españoles, la más abyecta y cobarde de las guerras.
Lejos de aquellos enfrentamientos entre hombres que citábamos, donde olías a sangre y sudor de tu enemigo, los “gudaris“ son guerrilleros de esquina y disparo a traición. Son la canalla más vil que jamás conoció el noble pueblo Vascongado. Maestros de matanzas indiscriminadas desde el cobijo del control remoto, ratas embozadas que sorprenden en las sombras, delatores raudos cuando son detenidos. Despojos humanos en cualquier sociedad.
Pero eso, ya lo sabíamos.

Recientemente la madre del Guardia Civil asturiano Mario Leal Baquero, asesinado hace 27 años por esta chusma, ha sido invitada por el otrora Benemérito Cuerpo a una exposición de homenaje a las víctimas.
Seria un detalle bonito, si no fuera porque en 27 años nadie se ha acordado de ella. Ni de sus hijos. Ni de nada. Tanto es así, que hasta en el juicio contra el cobarde que asesinó por la espalda a su hijo mayor, nadie se dignó personarse para acompañarla en tan duro trance.
Algo huele mal alrededor del partido que nos gobierna.
Algo que suena a rendición y entreguismo.
Algo fétido planea sobre la sangre de los que murieron en el cumplimiento de su deber o simplemente por ser Españoles de bien.
Algo destila putrefacción y podredumbre cercando a las víctimas de ETA.

Algo que recuerda con demasiada crudeza aquella arma poderosa de los vencedores sobre los vencidos: la humillación, la ignominia, el asco, la vergüenza.
Si el Partido Popular confirma ser el cobarde que ejecute la violación de las víctimas, habrá que señalarlo para siempre y sin perdón, culpable de alta traición y como tal, tratados.


JUAN ANTONIO LÓPEZ LARREA



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A la una y cuarto de la madrugada del viernes 6 de diciembre de 1985 la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al guardia civil MARIO MANUEL LEAL BAQUERO. El agente se encontraba en el interior de su vehículo, vestido de paisano, en el aparcamiento de la vieja estación de Renfe de Mondragón, cuando tres miembros del grupo Txantxagorri de ETA lo vieron y decidieron, sobre la marcha, asesinarlo. Los pistoleros, que iban encapuchados, acribillaron a Mario a muy corta distancia con armas automáticas, según agentes de la Ertzaintza, cuyo puesto local estaba a escasos doscientos metros del lugar del atentado. El guardia civil recibió media docena de impactos de bala y falleció en el acto. En el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN del año 1979.
Los dos pistoleros de la banda huyeron en dirección a Vitoria en un Renault 5 de color verde en el que les esperaba un tercer terrorista. Nada más conocerse la noticia, efectivos de la Guardia Civil montaron controles en los alrededores de Mondragón.
A las dos de la madrugada el cuerpo del guardia civil continuaba todavía en el interior del vehículo en el que fue ametrallado, a la espera de que el juez procediera al levantamiento del cadáver. A primera hora de la mañana del 6 de diciembre quedó instalada la capilla ardiente en el cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta. A las cinco de la tarde el féretro con los restos mortales de Mario cubierto con la bandera de España fue llevado a la Iglesia de la Asunción de la localidad guipuzcoana, donde se celebró el funeral. Al mismo asistieron el director general de la Guardia Civil, general Sáenz de Santamaría, y el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, además de otras autoridades civiles y militares, mandos de la Policía y representantes de partidos políticos.
La indiferencia y el despreciocon el que los vecinos de Arechavaleta presenciaron las honras fúnebres por el guardia civil asesinado escasas horas antes fueron descritos por Ramón Jáuregui en su libro El país que yo quiero. Memoria y ambición de Euskadi (Planeta, 1994):

"Entramos en la iglesia y estamos solos. Delante, los guardias compañeros, las autoridades, el alcalde y la familia; los bancos, detrás, virtualmente vacíos. Al salir y ver el cuadro se me pasó por la cabeza una escena de la película La muerte de Mikel. Todo el pueblo de Aretxabaleta asistía al espectáculo desde la plaza, impasibles, como si con ellos no fuera la cosa; incapaces de sentir sencillamente pena por el dolor que desfilaba delante, que expresaban los familiares (...). Arriba, en un balcón sobre la plaza, algunas risas, en chirigota hacia el ceremonial, mientras la procesión se ponía en marcha (citado por Alonso, R., Florencio Domínguez, F., y García Rey, M. Vidas Rotas, Espasa 2010, pág. 549)."

Los autores del asesinato de Mario Leal fueron los mismos que mantuvieron secuestrado a José Antonio Ortega Lara en Mondragón durante 532 días. Una de las pistolas que se incautó en el zulo donde mantuvieron al funcionario de prisiones fue utilizada en el asesinato del guardia civil. En marzo de 2000 la Audiencia Nacional condenó como autores del asesinato de Leal Baquero a José Miguel Gaztelu Ochandorena, José Luis Erostegui Bidaguren y Jesús María Uribetxeberria Bolinaga a sendas penas de 33 años de cárcel por el asesinato del guardia civil.
Mario Manuel Leal Baquero tenía 29 años. Era natural de Avilés (Asturias), estaba destinado en el cuartel de Arechavaleta desde dos años antes de ser asesinado, y estaba pendiente de ser trasladado a Asturias. Estaba casadoy tenía una niña, Beatriz.
Uno de sus asesinos, Uribetxeberria Bolinaga, actualmente se encuentra en la lista de reinsertables por el PP por presunta enfermedad.
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16 may. 2012

PRIMAVERA VALENCIANA - Bienvenida




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PRIMAVERA VALENCIANA - Presentación de la Asociación

"Sed conscientes de que lo que hoy escucháis aquí es una auténtica declaración de guerra."



Jorge García-Contell


Habéis escuchado a Josema Llácer que ambos compartimos ideales y banderas, aun sin conocernos, durante la primerísima Transición. Yo tenía entonces catorce años, tal vez una edad prematura para que un adolescente se inicie en la militancia política aunque difícilmente podremos juzgar hoy, cuando predomina la indiferencia suicida, el vértigo y la esperanza de aquellos años; la pasión y los anhelos de quienes los vivimos tan intensamente.
Muchos españoles de hace 35 años, como mínimo varios cientos de miles que así lo manifestaban con su voto, vieron cernirse sobre su Patria amenazas siniestras. Algunas decenas de miles lo manifestamos con nuestra afiliación a organizaciones políticas estigmatizadas por el nuevo Sistema que entonces comenzaba a forjarse. Y, por desgracia, nuestros pronósticos fueron cumpliéndose uno tras otro, con implacable frialdad. Sistemáticamente. Mecánicamente. Incluso, nuestras más pesimistas previsiones fueron superadas por una realidad aciaga.

Previmos, anunciamos y denunciamos que la monarquía liberal, encarnada en la Casa de Borbón, volvería a defraudar cuantas esperanzas depositaran en ella los españoles. Nuestro dictamen de aquel entonces, sinceramente, sólo se apoyaba  en el recuerdo de viejos reyes infames. En puridad, no pasaba de ser un prejuicio; no podíamos intuir qué nuevas cotas de ignominia, de bajeza y de traición iban a alcanzar los miembros de esa dinastía maldita.

Previmos, anunciamos y denunciamos que el Estado social – paternalista, sí; incompleto, sí; mejorable, sí - iba a ser desmantelado en beneficio del capitalismo salvaje. Y así fue, aunque no sospechábamos que en una emergencia como la presente los Estados concentrarían todos sus esfuerzos en salvar a la banca de su propia irresponsabilidad, para desentenderse al mismo tiempo que la miseria alcanza a cada vez más amplias capas de población.

Previmos, anunciamos y denunciamos que grandes grupos de interés, lobbies diversos y la mezquindad de las naciones de la Europa comunitaria pretendían desguazar nuestra capacidad productiva estratégica. Nuestro acceso al entonces llamado Mercado Común Europeo tenía el precio de acabar con nuestra agricultura, pesca, minería y siderurgia, además de reducir hasta casi la nada nuestras industrias ligera y pesada. Así sucedió, aunque no creímos que pretenderían imposibilitar la propia viabilidad económica de España, anular nuestra capacidad de sobrevivir en nuestra propia tierra.

Previmos anunciamos y denunciamos que la insolidaridad, consustancial  e intrínseca del liberalismo, socavaría los derechos laborales. ¿Recuerda alguien que la legislación laboral franquista establecía una indemnización por despido de 60 días por año trabajado, con un mínimo de seis meses y un máximo de sesenta? Pero aunque temíamos la devastación liberal no llegamos a imaginar entonces que contemplaríamos a una cuarta parte de los españoles sin trabajo, cinco millones de parados, mientras las centrales sindicales del sistema parecen no tener más preocupación que el respeto por la multiculturalidad. Nunca sospechamos que asistiríamos simultáneamente a ese 25% de desempleo, mientras 8 millones de extranjeros compiten, deslealmente, a la baja, con los españoles. Todo ello, ante la complacencia – el regocijo, diría yo – de los pseudosindicatos y la patronal que siguen reclamando cínicamente más y más asiáticos, más y más africanos.

Previmos anunciamos y denunciamos que se cedería al chantaje de los separatistas, que por aquel entonces carecían de verdadero arraigo en la sociedad, para recompensar su oposición al franquismo. Una oposición más mítica que real; nominal y bajo palabra de honor, pues el separatismo, los separatismos, aspiraban a comienzos del siglo XX, exactamente igual que a comienzos del siglo XXI, a construir oligarquías locales y ese separatismo aldeano y mezquino jamás supuso un problema grave para el franquismo. Antes bien, las burguesías regionales pretendieron servirse del Régimen para tejer sus madejas de intereses. Así fue, aunque no sospechamos entonces que en el proceso centrífugo llegaríamos hasta la desarticulación jurídico-política y administrativa del Estado e incluso a la erradicación de nuestra propia conciencia de identidad colectiva como españoles.

Previmos, anunciamos y denunciamos que la institución familiar, el núcleo social básico, estaba seriamente amenazado, como primer objetivo a batir por el mundialismo sin rostro y sin alma. Así fue, aunque no pensamos que la misma noción de familia sería subvertida, que el Código civil se alzaría contra la Ley Natural y se denominaría matrimonio a la unión contra natura de dos homosexuales. O que veríamos cada año casi igual número de divorcios que de matrimonios. O que nuestra natalidad caería en picado hasta abocarnos a la extinción como pueblo. O que la población española sería paulatinamente sustituida por masivos contingentes foráneos, mientras se estimulaba la contracepción y el aborto quirúrgico y químico.

Previmos, anunciamos y denunciamos que España, fascinada por aquel afán de la oligarquía dirigente de “homologarnos políticamente con los países de nuestro entorno”, acabaría sometida – más aun – a los intereses de los Estados Unidos de América. Así fue, aunque entonces no llegamos a barruntar que nuestro ejército, convertido en batiburrillo multicultural de tropas mercenarias, acabaría sirviendo de apoyo logístico en las guerras de agresión que los yanquis han desatado en Europa, Asia y África desde la implosión de Yugoslavia en los años 90 hasta la barbarie criminal desatada en Libia con el apoyo y sostenimiento de la OTAN.

Creo evidente que nuestra anticipación era más que notable. La lógica parece indicar que las fuerzas políticas dotadas de semejante clarividencia, capaces de adelantarse a los acontecimientos y de pronosticarlos con precisión, ganarían prestigio y respaldo crecientes entre la población. No fue así. Sería fácil atribuir enteramente las culpas del fracaso a la confabulación de todas las fuerzas políticas, empresariales y sindicales del Sistema. Sería fácil, pero sería sólo parcialmente cierto. También habría de hablarse de nuestra inadaptación al tiempo nuevo; de nuestra estrategia errada que nos llevó a confiar – ingenuamente - en una asonada militar que enderezase el rumbo. Habríamos de hablar de nuestras tácticas trasnochadas y de la pervivencia de modos, formas, métodos y terminología que nos alejaban de nuestro propio pueblo, al que deseábamos servir y al que amábamos con todas nuestras fuerzas. Muchos de nosotros hemos llegado a formar parte de distintas organizaciones políticas, tras los sucesivos naufragios en que unas y otras han ido desapareciendo. Y, a lo largo de estos años, sólo una circunstancia permanecía invariable en la militancia política nacional: cada nueva organización era más débil, más reducida y más inoperante que la anterior.

Hasta aquí hemos llegado. La tragedia que protagonizamos no es, nunca lo fue, la desaparición de unos partidos: jamás nos consideramos hombres de partido, nunca los apreciamos y siempre los consideramos artificiosos y superfluos. Lo verdaderamente dramático es la desaparición paulatina, más allá de las ideologías, del ideario nacional y social. Del compromiso irrevocable con el alma de la nación, con sus tradiciones, con su forma de entender el mundo y – al mismo tiempo – del propósito de construir una sociedad justa, donde el hombre no sea una pieza más del engranaje económico, el trabajo sea considerado título de nobleza y no mercadería, lo público y común prevalezcan sobre lo privado y particular, donde los españoles no sean juzgados por cuánto tienen, sino por el valor de su propia e intrínseca dignidad. Deseamos cantar, como el nicaragüense Rubén Darío:



Yo siempre fui, por alma y por cabeza,

español de conciencia obra y deseo,

y yo nada concibo y nada veo

sino español por mi naturaleza.



¿Qué hemos de hacer a partir de ahora? ¿Qué itinerario deseamos recorrer a medio y largo plazos?

1.    En primer lugar, aspiramos a constituir la Asociación In Memoriam Juan Ignacio en no menos de 15 provincias, alcanzando de esta forma una masa crítica imprescindible para su continuidad y operatividad futuras.

2.    Descartamos nuestra conversión en partido político. Creemos que dentro del área política llamada social-patriota, no estoy seguro que acertadamente, existen demasiadas organizaciones, demasiado pequeñas, demasiado inoperantes y demasiado enfrentadas entre sí. No es necesario que se constituya otra más, que sólo añadiría confusión, inoperancia y cainismo.

3.    Por el contrario, entendemos que si algún cometido podemos asumir en la vida pública, es el de colaborar – con suma modestia – a la difusión de un núcleo de ideas y valores, propios de nuestra concepción del mundo y la vida. Hemos aprendido del teórico comunista italiano Antonio Gramsci que la toma del poder no se lleva a cabo sólo mediante una insurrección política para apoderarse del Estado, sino mediante un largo trabajo ideológico en la sociedad civil que prepare previamente el terreno. No es posible la toma del poder político sin ocupar antes el poder cultural. Ejemplo paradigmático es la revolución francesa de 1789, sólo factible en la medida en que había sido preparada por una "revolución en los espíritus", por la difusión entre la aristocracia y la burguesía de las ideas iluministas difundidas desde las logias masónicas.

4.    Sin compartir necesariamente las raíces del pensamiento del filósofo francés Alain de Benoist, ni sus conclusiones, sí asumimos como propio un axioma que él define y que comparte con Gramsci: antes de producirse un cambio político, es necesario conseguir la hegemonía cultural, esto es, que las ideas a implantar sean aceptadas por los ciudadanos a través del ámbito cultural (medios de comunicación, películas, libros, música, teatro, y cualesquiera otras formas y manifestaciones culturales) antes de poder aplicarlas en el ámbito de la esfera política partidista.

5.    Así pues, nuestra tarea ha de desarrollarse no necesariamente al margen de la política, sino más allá de ella: en el terreno metapolítico, donde reclamamos como maestro y principal cultivador dentro de nuestra ecúmene cultural al filósofo argentino Alberto Buela. Urge la difusión entre este pueblo al que pertenecemos de otras nociones filosófico-políticas distintas de las sustentadas por el discurso cultural hoy dominante.



Queremos alumbrar ideas, no partidos. La Asociación In Memoriam Juan Ignacio quiere ofrecer a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales ya existentes en el campo nacional fórmulas novedosas, iniciativas eficaces. A todos nos ofrecemos y a ninguno deseamos coartar. Deseamos colaborar y no imponer. Con toda seguridad, muchos de los presentes os estáis interrogando: “¿A qué organizaciones se  dirigirán,  a cuáles tenderán la mano?” Nosotros no vamos a poner más límites que los de la propia coherencia. No excluiremos a nadie, más que a quienes deseen autoexcluirse por su disparidad de cosmovisión respecto de la nuestra. Y os preguntaréis, “¿Qué medida, qué referencias tomarán para reconocer las básicas y mínimas coincidencias sobre las que construir la colaboración?

Permitidnos recurrir ahora al historiador y politólogo italiano Adriano Romualdi, prematura y trágicamente fallecido en el último cuarto del siglo XX. Evocando – aunque no citando ad pedem litteræ - sus célebres criterios de pertenencia al área política, afirmaremos nuestra coincidencia: 

1.    Con quienes, en primer lugar, reconocen el carácter subversivo de los movimientos nacidos de la revolución francesa, ya sean éstos el liberalismo, la democracia o el socialismo.

2.    Con quienes, en segundo lugar, comprenden la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas y materialistas sobre los que se edifica la civilización plebeya, el reino de la cantidad y la tiranía de la masa anónima.

3.    Con quienes, en tercer lugar, conciben el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos han de dominar sobre las estructuras económicas y donde el dicho «a cada uno según su valía» no significa igualdad, sino una equitativa desigualdad cualitativa.

4.    Con quienes, por último, aceptan como propia la espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que ha caracterizado a la civilización europea y aceptan, en nombre de la civilización cristiana y sus valores, la lucha contra la decadencia de Europa.

Sed conscientes de que lo que hoy escucháis aquí es una auténtica declaración de guerra. Guerra contra la muerte de nuestra civilización, guerra contra el mundialismo, guerra contra la dominación de nuestro pueblo por los señores del oro y la usura. Sabed que hoy, aquí y ahora, declaramos formalmente el inicio de hostilidades contra aquellos que nos despojaron de nuestro tejido productivo y ahora nos entregan maniatados a la tiranía de la banca internacional. Declaramos guerra sin cuartel, guerra a muerte contra los que usan y se sirven del trabajo como mera mercancía y de los hombres como siervos. Guerra contra quienes niegan nuestra identidad, porque odian todas las identidades, porque aspiran a la fácil sumisión de las microidentidades como paso previo a la igualación y homogeneización de los pueblos y las naciones.

Sabed que desde hoy, desde este momento, hay un puesto para vosotros, para cada uno de vosotros, para todos aquellos disidentes, para los insumisos y rebeldes, para los que afirmáis que el futuro será escrito desde el espíritu elevado y no desde el instinto abyecto. Cada cual tendrá un puesto de combate, una misión que cumplir. Nadie quedará al margen y todos, todos los  españoles dignos de tal nombre que anhelen batirse por la Patria y la Justicia, recibirán encuadramiento y las armas adecuadas a su condición.

            Pero aquellos, que desoigan la angustiosa llamada de su Patria; quienes rehúyan cumplir con su deber, no ya de españoles, sino simplemente de hombres y mujeres de bien, ¡apártense para siempre de nuestro camino y de nuestras vidas! No podemos exigiros que abandonéis la comodidad, comodidad suicida, de la inacción, de la pasividad, del conformismo. No podemos evitar que prefiráis morir de tranquilidad y aburrimiento pero os pedimos un favor, sólo un favor: dejad de lloriquear, dejar de darnos palmaditas en la espalda, apartaos para siempre y olvidadnos.


Españoles: ¡alzaos! ¡En pie, orgullosos y altivos, para merecer el nombre de hijos de cuantos nos precedieron en la construcción de una Patria que llevó la luz de la civilización hasta los confines del mundo! Hoy nos hemos congregado bajo la efigie de Vicente Doménech, “el Palleter”, aquel valenciano grandioso, aquel patriota admirable que en mayo de 1808 proclamó abiertamente su rebeldía frente a la humillación y la dominación extranjera. Él inició la revuelta del pueblo valenciano contra Napoleón Bonaparte. Su ejemplo sublime y su memoria nos convocan, también nosotros, a desafiar la pasividad y retar a los tiranos. Con fe en la victoria, cantemos aquella estrofa de la imperecedera “Oda al 2 de mayo” de Bernardo López:



¡Guerra! clamó ante el altar

el sacerdote con ira;

¡guerra! repitió la lira

con indómito cantar:

¡guerra! gritó al despertar

el pueblo que al mundo aterra;

y cuando en hispana tierra

pasos extraños se oyeron,

hasta las tumbas se abrieron

gritando: ¡Venganza y guerra!


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PRIMAVERA VALENCIANA - Novedades de Edic. Barbarroja

Por Juan Enrique Uribe.





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14 may. 2012

Primavera Valenciana. Intervención de Juan V. Oltra

Juan V. Oltra Gutiérrez, presentando a Jorge Garrido (Presidente del sindicato UNT)





Hola a todos.

En esta tómbola de las palabras a mi me ha tocado un premio gordo: presentar a un revolucionario. Pero antes de que algún servidor del estado envuelto en el anonimato salga de él y nos prenda, conviene aclarar un extremo.

Cuando el vulgo piensa en revolución, las imágenes que viajan a sus cabezas son las de la toma del Palacio de Invierno, pirámides de cabezas cortadas amontonadas, ríos de sangre, incendios y bombas. Pero nosotros sabemos que eso es a las revoluciones como las tapas de los libros: les da fuerza, las hace llamativas, pero no son lo más importante, y ni siquiera necesario para que se den.

La revolución primera que nosotros buscamos, es la de las personas. Queremos gente que piense sin muletas. Que sepa discernir verdad y mentira cuando escuche las noticias: algo que es lo contrario de lo que quiere el sistema, que solo precisa borregos adormilados para seguir plantando su cizaña entre la mies. Por eso siempre ha escupido sobre la educación, por eso cambian el caballo a medio galope, reinventando la sopa de ajo cada cuatro cicateros años. Por eso trajeron reformas tan peculiares como la LOGSE.

Y en ese mar revuelto, donde navegamos sin capitán, algún vigía destaca. Y aquí entra Jorge Garrido San Román, cántabro como Luys Santamarina, el hombre que eligió el color con el que pinto mi corazón.

Jorge es un hombre de pluma y espada, como tantos grandes hemos tenido en nuestra historia. Licenciado en Derecho y Abogado en ejercicio, ha sido militar durante doce años, demostrando una vez más la certeza del marqués de Santillana cuando dijo que el saber no embota la lanza.

Jorge no sabe estar quieto y de su movimiento se benefician todos. Actualmente preside el sindicato "Unión Nacional de Trabajadores" (UNT), que a buen seguro no precisa de presentación alguna aquí, así como la asociación cultural y vecinal madrileña "Foro Social Manuel Mateo", reincidiendo en la vieja idea de que cada tribuna cultural debe ser una trinchera , siendo además Vicesecretario General de Falange Española de las JONS (FE-JONS) desde junio de 2005.

Un curriculum envidiable, y eso sin mencionar que en su momento presidió el Sindicato Español Universitario (SEU), algo que solo se puede hacer cuando se auna en un cuerpo joven Estudio y Acción.

Pero no queda ahí su trayectoria. Desde el prisma cultural, podríamos decir que es un estajanovista del conocimiento, ya que es cofundador de la asociación "Milenio Azul", así como subdirector de los programas de Radio Intercontinental “La ballena alegre” y “La piel de toro”, cuando la Inter era un espacio de libertad y no había trocado en lo que ahora se ha convertido, la SER del PP.

Dejo para el final una línea de su curriculum. Una línea que por si sola bastaría para llenarnos de gozo por su presencia en éste foro. Jorge es el autor del magnífico libro "Manifiesto sindicalista",donde se presenta una alternativa posible al capitalismo hoy rampante, basandose en dos pilares esenciales: el Sindicalismo, con mayúscula, y la Doctrina social de la Iglesia. Un pequeño gran libro llamado a convertirse en un clásico, como La empresa en la economía corporativa, de Francesco Rizzi o, para aquellos que se agarren el cuerno, las obras de Engels.

Parece que lucha contracorriente, es cierto. Pero eso le asemeja más a Luys Santamarina, con quien me permitireis que termine contando una breve anécdota.

Santamarina nunca discriminó a sus amistades, contando entre ellas a Max Aub. Aub recordaba como un día, tomando café con Santamarina y otros, éste se levantó y se despidió diciendo “voy a tomar la facultad de derecho”. Al cabo de un par de horas regresó a la tertulia, con moratones y chafarrinones con sangre, exclamando “no ha podido ser esta vez”. Al igual que Santamarina, Jorge no se arredra por lo que parecen molinos y, sin embargo son gigantes.

Muchas gracias a todos, muchas gracias, Jorge.


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Primavera Valenciana. Introducción de bienvenida

Juan Antonio López Larrea, Secretario de la AC In Memoriam Juan Ignacio




Bienvenida a los asistentes

Como podéis ver, la primera fila la conforman unos bancos vacíos.
A simple vista solo son sillas vacías. Pero no lo están en realidad.
Esta fila 0 está ocupada por Roberto Luengo, Josué Estébanez y por todos los patriotas presos por el sistema. En homenaje a ellos y en su honor, dedicamos esta jornada de conferencias.
En cierta ocasión, el conde de Mayalde, en una reunión social, encontró a José Antonio Primo de Rivera circunspecto y abatido. Preguntado a qué se debía su estado de ánimo, José Antonio le respondió: “la política me da asco”. A lo que el conde, con la simpleza del aristócrata ante los problemas mundanos, le aconsejó: “muy sencillo, abandona la política“. José Antonio, con mirada grave y de manera brusca le respondió: “no puedo, me sujetan los muertos “.
Esta conversación no hubiera pasado de la categoría de anécdota si no fuera porque aquel joven y brillante abogado, con una prometedora carrera por delante, marqués de Estella y un futuro resuelto, no se hubiera dejado la vida frente a un pelotón de la FAI a los 33 años, la madrugada de un 20 de Noviembre.
Con su propia sangre, pagó la sangre generosamente vertida por sus camisas azules.
Desde entonces, el pacto de sangre es la promesa de todas las generaciones de falangistas y es lo que nos tiene y nos tendrá de por vida atados a una lucha cuyo lema es no para hasta conquistar.
La sangre de Juan Ignacio es la sangre de Matías Montero y de tantos otros que regaron las tierras de España.



Hace poco más de un año, levantábamos la bandera negra con la palabra Justicia que aquí a mi espalda podéis ver. Hace poco más de un año tomaba cuerpo legal la AC IN MEMORIAM JUAN IGNACIO. Nuestra bandera negra como el luto, es también la bandera de la pólvora y la sangre, es la bandera roja y negra, es la bandera de las cinco flechas yugadas, es la bandera de la garra y el imperio solar, es la bandera de todos los que dieron su vida por una España mejor.
Con esta asociación nacían dos objetivos bien claros. El primero, reivindicar la memoria de Juan Ignacio y con él, la de todos los patriotas caídos, ante la avalancha de revanchismo y de falsedades históricas que nos trajo la democracia y de manera especial el nefasto gobierno de Zapatero. En segundo lugar, claro está, la política. Porque como a José Antonio, la política nos da nauseas, pero no podemos ni debemos sustraernos a la acción política, porque como a él, nos sujetan nuestros muertos.
Es pues nuestro deber intervenir en la sociedad española. Desde el estudio de nuestros textos, aglutinando a tantos camaradas de mente preclara como sea posible, para revisarlos y actualizarlos a los tiempos y problemas actuales.
Es nuestra obligación también dar testimonio de unos tiempos y unos hechos que no admiten más revisión histórica que el reconocimiento de la grandeza de las personas que los protagonizaron.
Y es nuestro pacto de sangre, el seguir luchando por implantar tres conceptos fundamentales, PATRIA, JUSTICIA Y REVOLUCION.
Porque la patria es la tierra que habitamos, es el suelo que pisaron nuestros padres. Y los padres de nuestros padres. Patria son nuestras raíces, nuestra cultura y es todo aquello que recibimos y que tenemos la obligación de legar a nuestros hijos.
Porque la justicia social es fundamental para sostener el concepto de patria, porque no puede - ni debe - haber patria mientras haya un español sin pan. Porque ningún español puede comprometerse con su nación si está intentando resolver el futuro de sus hijos. No habrá patria hasta que no haya igualdad entre todos los españoles.
Y revolución, como el vehículo para conseguir aunar ambas cosas. Revolución como el cambio brusco y definitivo de un sistema injusto y soez, que provoca la división social y el divorcio entre los dos conceptos anteriores.
Estas son nuestras banderas, estos son nuestros principios y este es nuestro frente. Si queréis seguirnos, con gusto os brindamos nuestra trinchera, hombro con hombro, por la

PATRIA , JUSTICIA Y REVOLUCION.

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