Dedicado a Juan Ignacio: "Otoño en Madrid"

19 dic. 2011

Discurso de Juan Antonio López Larrea en la Marcha de las Antorchas.




Camaradas y amigos:
Una demanda, que no es un ruego sino una exigencia: la liberación inmediata de Pedro, Roberto, Josué y de todos los patriotas presos.
Hace 31 años y desde este mismo lugar, salíamos llevando a hombros a nuestro camarada muerto.
Juan Ignacio fue asesinado a tiros en la puerta de su domicilio y aun hoy, 31 años después, la justicia del Estado liberal no ha sabido poner nombre y rostro a sus ejecutores. Y decimos bien, ejecutores, porque sus verdaderos asesinos, los que dieron la orden de eliminarlo, todos sabemos perfectamente quiénes son.
Perro no come perro. Difícilmente encontrarán a los criminales los mismos que instigaron aquella orden. Eliminaron solo su persona física, porque su nombre, su espíritu y sus ideas, pasaron desde ese mismo instante a la inmortalidad.
Juan Ignacio había sido jefe nacional de Fuerza Joven, un importante cargo en un partido político con representación parlamentaria, con respaldo económico, humano y despacho propio… que no fue suficiente para atarle a una poltrona.
Juan despreciaba los cargos, era un hombre de acción y, por encima de todas las cosas, era un escuadrista convencido de la necesidad que España tenía de una revolución profunda.
Juan formó un movimiento joven y revolucionario, a imagen y semejanza de otros que ya venían trabajando en Europa. Y nunca le dolieron prendas en pactar, ya fuera con el FNJ, con Primera Línea o con quien se hiciera necesaria una unidad de actuación, ya fuera puntual o con perspectivas de continuidad en el tiempo.
Hoy en día seguimos divididos en numerosos reinos de taifas, en los que cada uno defiende a capa y espada sus peculiaridades y las esgrime como obstáculos insalvables. Todos argumentamos lo mismo: “Llegado el día, estaremos en las mismas trincheras”.
Y nosotros pensamos: ¿No os dais cuenta que ese día ya ha llegado?. Si estáis esperando que los rojos comiencen a organizar chekas o quemar templos, olvidaos. Eso no va a pasar. Los indignados son la enésima versión del descontento light o las patrañas del sistema.
El Sistema. Ahí tenéis el frente verdadero.
Hace mucho tiempo que la guerra comenzó y aun no hemos sido capaces de organizarnos para, al menos, presentar batalla.
Nuestro enemigo es el que exhibe la banderita de España en una mano y con la otra despoja a los trabajadores de sus derechos.
Nuestro enemigo es el que maneja las crisis financieras, condenando a nuestros hijos a un futuro de indignidad y miseria.
Nuestro enemigo es el Estado que ha consentido la invasión de nuestra Patria para poder especular con nuestros jornales.
No podemos exigir al obrero español que luche por su Patria cuando a duras penas puede pagar la casa que habitan sus hijos.
Camaradas, ese es nuestro frente. No puede haber Patria sin Justicia Social. Que la unidad de acción sea un hecho, y que todos juntos, pocos o muchos –no importa, ya se nos unirán más-, todos juntos comencemos a plantar cara al Sistema, a ese eufemismo que se hace llamar “los mercados” y que no son otros que los de siempre, los del mandil de grado 33, los Rothschild y compañía.
Camaradas, hace 31 años llevábamos a hombros a nuestro camarada asesinado, y como dice la canción, seguro que no murió gritando viva el libre mercado. Aunque todos sean, nosotros no.
Camaradas, por Ramiro, por José Antonio, por todos los que murieron por la revolución de España. Gritad conmigo:
JUAN IGNACIO GONZÁLEZ    ¡PRESENTE!
CAÍDOS POR LA REVOLUCIÓN NACIONAL     ¡PRESENTES!
¡ARRIBA ESPAÑA!


18 dic. 2011

HISTORIA DE UN MILAGRO. Crónica de una marcha, por un ateo.


Las siete de la mañana, suena el despertador. Aunque ha sido imposible conciliar el sueño, los nervios ante la responsabilidad adquirida y un viento endemoniado durante toda la noche en Valencia – como negro presagio de lo que se avecinaba – han convertido la noche en un tenso duermevela.
A las 8 me recogen los camaradas, los de siempre, los leales y emprendemos camino hacia Madrid. Apenas hemos andado unos kilómetros con el coche dando bandazos por la carretera cuando el teléfono ya nos confirma la primera baja y nos pone en antecedentes de lo que vamos a encontrar en la capital. Un camarada valenciano tiene que acudir urgentemente a arreglar desperfectos que el temporal ha producido en su propiedad y de paso nos alerta, “fuertes vientos y lluvia en Madrid para la hora de la marcha”.
Aire y agua, ¿mayor enemigo para un cortejo con antorchas?
El trabajo realizado durante tanto tiempo, dinero invertido, pero sobre todo, las ingentes cantidades de ilusión de muchas personas puestas en este acto, nos producen esa sensación de impotencia ante lo que no se puede prever y menos aun controlar.
Nueva llamada: Maricruz confirma que la madre de Juan Ignacio estará en la misa; es una persona entrañable, pero es mayor y muy impresionable, por lo que queda desaconsejado enarbolar banderas, encender antorchas y en definitiva, preparar los prolegómenos de la marcha hasta que ella haya abandonado el escenario.
Entrando en Madrid nos recibe la lluvia, solo es un calabobos, pero un aire violento y gélido nos la escupe en el rostro. Nos vamos reuniendo poco a poco todos los camaradas de organización en el hotel: de Orense, de Oviedo, de Madrid, de Valencia, de Barcelona. . . la cara de todos es un poema, “estamos jodidos”.
Comida y reunión, todos a una, boia chi molla, ni hablar de suspender; un repaso al discurso que se quedará en arenga, no lo hagamos demasiado largo, un solo orador. Eso sí, palabras directas, combativas, somos lo que somos, nada de hermosos discursos patrióticos carentes de contenido. Que sea breve, pero intenso; en nuestro estilo.
Las siete de la tarde, hora de salir. La lluvia arrecia, llegando a Lagasca el chirimiri alcanza proporciones de tormenta. Cuatro gatos en la iglesia , el coche con el material atrapado en un atasco , la cana poniendo problemas ya ¡y aun no sabemos si vamos a salir!. Llega nuestro jefe de seguridad con la madre de Juan; ya en ese momento, literalmente diluvia.
La sensación de caos, va dejando paso a un regusto de fracaso y ni el consuelo de haber hecho todo bien, pero “con esto no contábamos”,  nos puede valer.
Todos, desde el responsable de la marcha – que grande eres Canta - , pasando por el responsable de seguridad – que grande eres Dalmau – hasta el coordinador del desfile – que grande eres Casta – esperan instrucciones.
¿Qué hacemos?. Con esta agua las antorchas se apagarán, suponiendo que pudiéramos encenderlas con este aire.
De repente, la gente empieza a abarrotar la puerta de la iglesia buscando cobijo, la misa ha terminado. Hay que sacar a la mamá de Juan. Cuando sale la señora arropada por los más próximos, se abre un pasillo, cesan los murmullos y tras unos segundos de eterno silencio, mientras comienza a descender las escaleras, todo el mundo irrumpe en aplausos. Nunca, por mil años que viviera, lo podré olvidar. Y supongo que ella  tampoco lo olvidará.
Y en ese momento, justamente en ese momento, en que todos habíamos dejado de mirar al cielo para clavar nuestro ojos en la cara de aquella menuda mujer, dejó de llover.
Fue como si el cielo se hubiera abierto durante todo el día para llorar por el mejor de sus hijos y, magnánimamente, se hubiera apiadado en el momento justo de los que no estamos dispuestos a olvidarlo.
En breves minutos se armaron las banderas, se encendieron – aun húmedas – las teas, se organizaron las filas, se colocó la pancarta al frente de un cortejo muy apretado (si hubiéramos alargados las filas aun estaríamos desfilando, ¿de dónde salió tanta gente?) y comenzó a sonar un tambor . . .
La policía cortó calles y cruces, los vecinos se asomaban a las ventanas sorprendidos por aquel espectáculo inédito que se desarrollaba ante sus ojos, el silencio impresionante, amplificado por las brillantes llamas de las antorchas y el flamear de las banderas al viento, antes enemigo y ahora aliado. Algún paseante preguntó, ¿por quién es el duelo?.
Por nuestro camarada asesinado.

Juan Antonio López Larrea

14 dic. 2011

Programa de radio: UNO DE LOS NUESTROS




Juan Antonio López Larrea, secretario de la A.C. In Memoriam Juan Ignacio presenta el segundo programa en Radio Patriotas de "Uno de los nuestros".
Grabado el 12 de diciembre, aniversario del asesinato de Juan Ignacio, este programa -como no podía ser de otra manera- está dedicado a los caídos, bajo el título DEL TELÓN FALANGISTA A ACCA LARENTIA: RECORDANDO A NUESTROS CAÍDOS.


11 dic. 2011

A Juan Ignacio




Camarada Juan Ignacio:
Hoy hace 31 años que una mano asesina acabó con tu vida. Aparte de quién apretó el gatillo, merece el máximo reproche quien desde las cloacas del Estado te señaló como objetivo para acabar con tu vida y con ella decapitar el Frente de la Juventud, tu creación política, verdadera vanguardia de la revolución nacional que, junto a otras organizaciones, se oponía al sistema de partidos que alumbró la Constitución de 1978.

No creas que tu sacrificio fue en vano. Quienes tuvimos el privilegio de conocerte, de saber de tu entrega a los ideales que profesamos, de PATRIA, JUSTICIA y REVOLUCION, no nos hemos olvidado de ti. Al menos vives en nuestros corazones y a nosotros nos corresponde -y a ello nos comprometemos- que tu memoria no se pierda en el olvido, y para ello haremos todo lo posible para que tu ejemplo sea conocido por las futuras generaciones de Españoles y sirva como trampolín para futuras acciones –“santas aventuras” de las que hablaba Fray Miguel Oltra- que sin duda la Patria nos va a demandar.

A ti te tocó la peor parte, dar tu vida. Sin posibilidad de defenderte. Otra cosa hubiera sido si hubieran ido a por ti cara a cara. Pero la alevosía tiene eso, que priva de toda posibilidad de defensa a la víctima. Malditos sean mil veces tus asesinos.
Te privaron, en lo personal, de poder crear una familia, de crecer como persona con el devenir de los años, como todos nosotros hemos intentado hacer, unos mejor que otros, de poder reafirmarte en tus /nuestras ideas o tener la posibilidad de cambiarlas; cosa que, sinceramente, no creo que hubieras hecho jamás, pues estabas hecho de esa pasta especial con que el Creador nos ha distinguido a los fascistas, fieles, leales, inasequibles al desaliento, sin que nos alcancen los cantos de sirena de los demócratas de pacotilla.
Pero no creas, al fin y al cabo te hicieron un gran favor. En estos 31 años transcurridos te han privado de ver como detenían a tus camaradas más próximos y queridos, como los torturaban, como los perseguían, como los enjuiciaban, con mayor o menor justeza o justicia, como los condenaban a unos, como marcharon al exilio otros, sin poder volver a España hasta transcurridos veinte años, como finalmente se tuvo que autodisolver el Frente, asfixiado política y económicamente.
Te han privado de ver la defección de algunos de tus camaradas –hablo ahora no solo del Frente sino en plan más general del mundo “patriota”- quienes han preferido acomodarse a los nuevos tiempos y llevar una vida más acorde a estos, menos comprometida y más fácil en lo personal. Ahora se avergüenzan algunos de haber pertenecido al Frente –o a Fuerza Joven, o a Primera Línea-, incluso hablan de que eso fueron “pecados de juventud”. Te han privado del dolor que representa tenerlos cara a cara y tener que hacer ejercicios mentales para no escupirles, o, como hubieras hecho tú, sacudirles directamente a ver si reaccionaban y se quitaban de en medio tanta estupidez.
Te han privado también de ver cómo, en tan solo 31 años, el sistema que alumbró la Constitución de 1978 ha conseguido destrozar España, aquella España que amábamos porque no nos gustaba, y que nos impulsó en esos años de la transición a luchar por ella, por mejorarla en todos los sentidos, aún a costa de nuestros estudios o nuestros trabajos.
Incluso aquellos motivos por los que luchábamos al situarnos en contra de las pretensiones del nuevo régimen, pretensiones hoy totalmente conseguidas por éste, tales como alternancia de los dos partidos mayoritarios sin posibilidades para ninguno más, autonomías, claudicación del Estado ante el terrorismo de ETA, hoy parece que no tengan sentido, al haberse abierto nuevos frentes de lucha, tales como el combate contra el nuevo orden mundial o globalización, la pérdida de soberanía nacional a favor de la Europa de los mercados, el sometimiento a los intereses de Estados Unidos e Israel quienes de continuo nos embarcan en inútiles guerras a las que llaman operaciones de pacificación, y finalmente la sustitución de los distintos gobiernos nacionales europeos por lacayos de los mercaderes, léase Goldman & Sach, como ha ocurrido en Grecia e Italia recientemente, y que aspiran a controlar bajo un régimen de esclavitud a los nacionales de los distintos Estados europeos. De todo esto también te han privado.
Pero lo que no sabían tus ejecutores es lo que iban a conseguir con tu asesinato, y es que tu figura, tu ejemplo, el carisma que tuviste en vida, te sobrepase más allá de tu muerte, y al igual que en el día de tu entierro conseguiste la Unidad de acción de los grupos juveniles falangistas, quienes acudieron como un solo hombre a darte cristiana sepultura, a soportar las provocaciones y los envites de los esbirros del sistema, que incluso hicieron que tu féretro rozara el suelo para a continuación ser alzado instantáneamente por nuevos brazos de tus camaradas, hoy seas el revulsivo y el referente para que esa Unidad de acción tenga de nuevo reflejo en la calle y pueda un día que se prevé no muy lejano desembocar en la creación de un movimiento nacional y revolucionario que consiga las metas que te propusiste en vida y que la Patria está demandando con urgencia, so pena de perecer en caso de no llevarse a cabo.
Es por esto que un grupo pequeño, pero decidido, de tus antiguos camaradas de todas las familias de nuestro entorno hemos recogido la bandera que cayó con tu muerte y con paso lento pero seguro nos hemos comprometido a continuar la lucha, la eterna lucha contra los enemigos de España, y en fecha próxima saldremos a la calle a gritar al mundo nuestras consignas, nuestras viejas canciones de amor y de guerra y nuestra esperanza en que es posible una España mejor, para que de una vez consiga el pueblo Español la Patria, el pan y la Justicia que a tí te negaron tus asesinos. Asesinos a los que desde aquí maldigo y digo que pronto llegará el día en que les pongamos cara, nombre y apellidos para, al margen de una justicia –así con minúsculas- para ti ya imposible, porque te la negó quien tenía el deber legal de dártela, al menos sirva de escarnio público para ellos y sus estirpes, por los siglos de los siglos.
Camarada Juan Ignacio, te esperamos el día 16 de diciembre de 2011, en que conmemoraremos el 31 aniversario de tu asesinato, para que desde el lucero que ocupas, nos acompañes y nos guíes a quienes desde el recuerdo de tu figura están comprometidos en la prosecución de la lucha por Una España mejor.


¡PATRIA-JUSTICIA-REVOLUCION!




JOSÉ MANUEL LLÁCER
12 DE DICIEMBRE DE 2011


8 dic. 2011

16 de diciembre 2011



Abrigados por el fuego
de teas y vino español,
Juan Ignacio, nuestro ruego
y en su honor el cara al sol.
Desfilaremos despacio, orgullosos, vive Dios !
Prietas filas, camaradas que pasean con honor
el rostro del que mataron los esbirros del hedor .

.

1 dic. 2011

El último del Telón.





A Juan Ignacio.

A todos los caídos por una España mejor.


En las primeras horas del 12 de Diciembre de 1980, tres certeros disparos segaban la vida de un joven falangista. 28 años tenía y una vida por delante.
Tres disparos certeros. El primero al bulto, como mandan los cánones de los matarifes profesionales. Los dos siguientes a la cabeza.

El 2 de Noviembre de 1933, caía vilmente asesinado un joven Jonsista. 23 años contaba tan solo, aquel día en que desafió al orador en un mitin del PSOE con una frase tan certera, “recordad Casas Viejas “, como letal para él.
La verdad escupida en plena cara hizo mella entre los asistentes.
Ruíz de la Hermosa fue linchado, literalmente asesinado a golpes y puñaladas por una turba de cobardes.
José Ruiz de la Hermosa fue el primero del telón.
El negro telón de los falangistas caídos que, a día de hoy, cierra Juan Ignacio González Ramírez.


¿Qué es la vida?



Un pragmático diría que son los años que cuentas desde tu alumbramiento hasta tu defunción.
La mayoría intentamos vivir esos días conforme a unos valores, intentando dejar a los que amamos el recuerdo de lo bueno que hicimos y deseando que comprendan los errores que cometimos.
Hay personas cuya existencia es tan gris, que cien años que vivieran, apenas si valdrían un recuerdo entre sus descendientes.
También las hay, personas tan mezquinas que viven su vida tan solo para sí mismos y en ese egoísmo se acaba diluyendo su memoria.
Y hay personas que nacen para ser inmortales.
Hay personas que nacen para vivir siempre en la memoria de generaciones y generaciones.
Por miles y miles de años.

Matías Montero tenía 20 años cuando a bocajarro y por la espalda, de nuevo un cobarde socialista, le disparó hasta tres veces; una vez en el suelo, fue rematado con dos nuevos disparos.
Fue el 9 de Febrero de 1934.
Matías Montero fue el quinto nombre del telón.
En su entierro José Antonio pronunció las palabras que todos aprendimos al iniciarnos en la milicia: "Que Dios te de su eterno descanso y a nosotros nos lo niegue hasta que sepamos ganar para España la cosecha que siembra tu muerte".
Su asesino, perseguido y detenido en el acto, pese a tener un larguísimo historial delictivo, se encontraba en libertad provisional; se declaró miembro de Vindicación y manifestó que dicho grupo se había organizado y juramentado "para dar muerte a los señoritos fascistas de la Falange".
Francisco Tello, que así se llamaba el canalla, tenía 32 años, estaba afiliado a UGT y era militante de las Juventudes Socialistas que en aquella época dirigía Santiago Carrillo.
Vindicación es el nombre de un grupo terrorista al que el devenir de la historia no le hizo justicia.
Y digo esto porque los acontecimientos históricos que se sucedieron dejaron en el olvido al primer grupo organizado por el PSOE (el siguiente sería el GAL) para asesinar y aterrorizar.
Las atrocidades posteriores, tales como las checas, los paseos, las quemas de iglesias, las fosas comunes y demás salvajadas realizadas por aquellos “amantes de la libertad", hicieron que Vindicación pasara prácticamente desapercibido en los anales.
Pero como no sería justo para los amantes de la "memoria histórica", aquí estamos nosotros para recordárselo.
El cobarde Tello, en el momento de ser detenido llevaba en su bolsillo una star del 9 corto, nuevecita, recién disparada, a la que faltaban cinco cartuchos y una nota manuscrita con una matrícula que resultó ser la del coche de José Antonio Primo de Rivera.
Pocos días después, la policía detenía a Francisco Mellado, identificado como el otro miembro del comando.
En el juicio, José Antonio, como abogado de la acusación, logró que confesaran su pertenencia a Vindicación, lo que demuestra la importancia que ya se le concedió a dicha organización terrorista.
Asímismo, quedó demostrado que tanto Tello como Mellado estaban relacionados con Ángel Tejera -el asesino del capataz de FE, Vicente Pérez- y con Felipe Gómez, condenado por el asesinato de Francisco Sampol, cuyo único error había sido adquirir un ejemplar de FE.
También se probó su relación con otros pistoleros socialistas como Máximo de Dios y Santiago Garcés. Éstos, a las órdenes de Juan Luis Lozano, junto a Federico Coello y Francisco Guerra, habían sido detenidos con otros terroristas, todos con carnet de las Juventudes Socialistas o de la UGT, entre cuyos nombres están José Pérez y Victoriano Cuenca, por posesión de armas de fuego.
De toda esta chusma, sin ninguna duda integrantes de Vindicación a la par que militantes del PSOE, Cuenca, Ordóñez y Coello, acompañaron al capitán de la guardia civil Condes en la tristemente célebre camioneta 17, que secuestraría y asesinaría al líder de la oposición Calvo Sotelo, siendo el primero el que apretara el gatillo.

Vindicación fue pues un grupo terrorista financiado, armado y militado por el PSOE, llegando incluso algunos de sus miembros a ser guardaespaldas de Prieto.

Juan Cuellar, es el octavo nombre del telón de los caídos.
El 10 de Junio del 34, en compañía de varios camaradas, fue increpado por un numerosísimo grupo que estaba cantando La Internacional: "¿Por qué no cantáis, sois cenetistas?". "No, somos de Falange".  Con el orgullo y valor de su respuesta, Cuellar firmaba su sentencia de muerte.
Fue apuñalado, disparado y su cabeza aplastada con piedras con tanta saña que sus camaradas no le mostraron el cadáver a su propia madre.
Otra vez una socialista, de nombre Juanita Rico, como colofón a aquel cruel ensañamiento, orinó sobre su cadáver aun caliente.
Pero esto no lo contó ella; aquella misma tarde, abandonó el mundo de los vivos. El grupo de Ansaldo, reparó adecuadamente sus problemas de incontinencia.

Habían muerto nueve falangistas y se contaban un centenar de heridos antes de que apareciera la Falange de la Sangre. A partir de aquí, se devolvería golpe por golpe.
En aquellas fechas, un José Antonio  apesadumbrado por haber tenido que llegar a ese punto, confesaría: "Mussolini tiene razón cuando dice que la violencia ha de ser caballeresca, eficaz y sin rebasar el límite necesario".

Onésimo Redondo, suma su nombre al negro telón cuando ya éste ha dejado de colgarse en teatros y salones de actos. Ya la sangre de los caídos lo empapa y el ruido de los cañones ha silenciado las palabras.
Liberado, al triunfar el Alzamiento, de la cárcel de Ávila donde se encontraba desde el 20 de Junio, se dirigía a ocupar su puesto en primera línea de combate, cuando fatalmente fue a caer en una emboscada.
En Labajos, en los campos de la Castilla que tanto amó, en los campos de los jornaleros por los que luchaba, rodeado por mieses, altas choperas y encinas entre las que buscó refugio bajo el sol de justicia del estío castellano, entregó su vida.

Ruíz de la Hermosa, Matías Montero, Juan Cuellar, Onésimo Redondo, Juan Ignacio González; cinco nombres, cinco falangistas, cinco héroes.

Cinco, entre los cientos de caídos que conforman nuestro negro telón.
Cinco, como las flechas yugadas de nuestro escudo.
Como nuestras cinco rosas.

No están elegidos al azar los camaradas asesinados;  en estos cinco nombres se encuentra resumida la historia de los falangistas a través de sus muertos.
Son cinco historias distintas, en distintos escenarios y tiempos, con desgraciadamente un mismo final.
Son cinco historias de persecución, de acoso, de cobardes que matan a traición amparándose en las sombras de un zaguán, en una muchedumbre o en la emboscada y el tiro por la espalda.
Pero también es la historia de cinco idealistas, de juventudes generosas, de hombres de honor.

Contaba Sánchez Mazas que "hubo quien dijo que éramos cuatro gatos sin dos pesetas ni un árbol donde ahorcarnos; nadie dijo, eso no, que no teníamos dónde caernos muertos, porque los falangistas caen muertos por todas partes" .
Y así es.
Y siempre hemos sido fáciles de reconocer por nuestros enemigos, porque a diferencia de ellos, la primera línea de combate es nuestro puesto.

En los próximos días saldremos a las calles a honrar con Juan Ignacio a todos los nombres que con letras de sangre escribieron nuestro negro telón.
En nuestro pensamiento, un solo objetivo: ser dignos de ellos.

Que nuestros pulmones y nuestro corazón dejen un ¡PRESENTE! cuyo eco resuene en todas las calles y plazas de Madrid hasta llegar a ellos. Y que allí en su lucero sepan que su sangre generosa ni fue, ni nunca será,  estéril.

Y es que hay hombres que nacieron para ser inmortales.


Juan Antonio López Larrea